Latacunga, ciudad romántica, por mil títulos noble, altiva y hospitalaria, llena de los más grandes e íntimos sentimientos, del amor filial que le profesan sus hijos y vecinos, cumple un año más de su independencia. Recordar su historia, valores y su pasado, es el fulgor de sus mejores días y de aquellos hombres y mujeres que la engrandecieron.  

Rodrigo Campaña E., al referirse a nuestra fecha mayor, dijo con acierto:  

“Un día de noviembre se consuma la gesta,  

se rompen las cadenas al grito de protesta  

y entre el chocar de aceros y estampidos de balas,  

al águila opresora se vé abatir las alas”.  

La independencia es uno de los logros más significativos de su historia, por su intrínseco y profundo valor, por constituir un acicate en procura de conseguir mejores días para los ciudadanos; un medio para reivindicar sus derechos y lograr así autogobernarnos, sin otra interferencia que no sea la de sus propias decisiones, a través de sus hijos.   

Debe ser permanente empeño mantener incólume la esencia misma de la libertad, para que los jóvenes y las nuevas generaciones, abracen los mismos grandes ideales, la valoren en su justa medida, pues sin ella difícilmente podrán conseguir sus objetivos y aspiraciones personales, familiares y profesionales. Por ello, “si algún día -maldito ese día- se pretende empeñar tu grandeza, lucharemos y aún en la huesa, vengaremos la vil felonía” (Del himno a Latacunga. Letra de Alberto Varea Quevedo).  

Como lo ha mencionado Rubén Terán Vásconez, ex Alcalde, “hace 201 años, nuestros próceres lograron la Emancipación Política; ahora, a nosotros, nos corresponde conseguir la Independencia Económica”; entendida como la forma en que los latacungueños puedan disponer de los medios para la satisfacción de sus necesidades de manera autónoma, conseguir sus caros objetivos, por voluntad y proyección propia, sin otra ayuda que no provenga de su trabajo y esfuerzo. Para ello, todos los que amamos esta tierra, los que nacimos en ella y los que se avecinaron también, debemos emprender en esta indispensable tarea, sin excusa alguna.  

Cuna de nuestros ancestros, Latacunga, ciudad íntegra, distinguida y noble, ha crecido en tamaño y población, sin perder su esencia de lugar bendecido, propio de tierra fértil, bendecida, que añora surgir y desarrollarse aún más, para beneficiar a sus venideras generaciones. En esa esperada dimensión, urge desarrollar nuevas actividades y emprendimientos que las necesidades de la población lo exigen.  

Al conmemorarse el Primer Centenario de la existencia del Colegio “Vicente León”, Remigio Romero y Cordero escribió “Elegía a Latacunga”, en cuyo primer párrafo, con su gran estilo y grandeza de espíritu, decía:  

“Latacunga, el país nuestro te condecora  

Porque eres, en verdad, una ciudad señora…  

Tu abolengo es ilustre, merecida tu fama;  

Tus maneras acusan de lejos a la dama;  

Tu modo señoril cual manto se despliega,  

oh, la ciudad señora gallarda y solariega…”.  

Al ser una ciudad que escogió la filantropía como manera de engrandecerla, se ha destacado que “todas las manifestaciones de filantrópico desprendimiento que adornan a los latacungueños e hijos de la provincia, han sido celosamente cumplidas (…) y todas se han hecho instituciones y se hallan cumpliendo su objetivo. La prócera y filantrópica ciudad de Latacunga, ostenta con orgullo las virtudes e sus hijos” (Tomado del artículo “Latacunga ciudad procera, cuna de filántropos”, del Dr. Enrique Izurieta – Libro de Oswaldo Rivera: Pensamiento y otra del Instituto Superior “Vicente León”.  

Debemos empeñarnos en dinamizar las actividades que contribuyan al desarrollo de la ciudad, para que, a través del emprendimiento, se genere empleo. El gobierno nacional ha hecho pronunciamientos destacando la importancia del sector turístico, comprometiendo su apoyo. Hay que trabajar en paralelo con otras acciones y medidas, de parte de los gobiernos locales, obviamente concertadas, que ayuden a gestionar esta actividad que luce viable por las condiciones extraordinariamente favorables que ostenta la ciudad.  

Dicho lo anterior, para que Latacunga pueda ser considerada un atractivo destino turístico, se requiere ofrecer a los visitantes un ambiente propicio para atraerlos y que éstos a su vez, sean luego los que recomienden a otros, en una especie de circulo virtuoso de visitantes enamorados de su gente, de sus tradiciones, de su gastronomía y de su entorno lleno de belleza natural. La capacitación es una cuestión esencial y vital, para ofrecer adecuada y cordial atención a los clientes, y contribuir a la difusión de nuestros valores culturales.  

Como hemos dicho, así como el país ha definido objetivos nacionales, en pro de su desarrollo y consolidación como República soberana e independiente, la ciudad de Latacunga, como capital de la provincia de Cotopaxi, debería trabajar para tener los suyos, que tiendan a la defensa de sus intereses, valores y propósitos. Esto evitará someterla permanentemente a criterios centralistas, de planificadores iluminados, de escritorio.  

Estos objetivos, orientados a satisfacer las demandas -muchas de ellas insatisfechas-, de la población, deben estar orientados a:  

1. velar permanentemente porque se respeten los intereses superiores de la ciudad, de manera monolítica;  

2. exigir la asignación oportuna de las rentas necesarias para su desarrollo;  

3. trabajar en la búsqueda de inversiones en actividades económicas, incluida la pequeña industria;  

4. posicionar a la ciudad y provincia en los circuitos turísticos nacionales e internacionales, en coordinación con las autoridades provinciales y del gobierno central;  

5. recuperar y mantener sus bienes históricos y culturales;  

6. contribuir a elevar los niveles de educación en todos los establecimientos educativos;  

7. gestionar con el gobierno la asignación de recursos y préstamos para desarrollar la agricultura, en procura además de la seguridad alimentaria.  

En otro orden de cosas, ¿por qué no retomar la idea de lograr que Latacunga se convierta en zona franca? Esto podrá representar no sólo un gran elemento integrador para las provincias de la sierra central (Cotopaxi, Tunguragüa y Chimborazo), sino permitiría utilizar las instalaciones del aeropuerto “Cotopaxi” para apoyar al turismo y obviamente para los servicios fundamentalmente de carga, facilitando así las exportaciones de los productos que nos ofrece la generosa tierra.  

Estas aspiraciones, pueden surtir el efecto deseado a través de alianzas público- privadas, por supuesto no ligadas a bandería políticas partidista o responder a determinada ideología; sólo estarán dirigidas a defender los caros intereses de la ciudad; por tanto, dejando de lado consignas que vayan en línea contraria, toca solamente trabajar de manera denodada y suscribir un acuerdo que recoja propuestas consensuadas y realizables. De esta manera, la ciudadanía estará alerta para exigir que sus representantes cumplan los objetivo y compromisos trazados, en la búsqueda del interés superior.  

Es hora de salir por los fueros de la dignidad y la unión monolítica, y tener en consideración que “el presente es el resultado necesario de todo el pasado, la causa necesaria de todo el futuro” (Robert Green Ingersoll)  

¡El más grande elogio para Latacunga, en su día mayor!