Congo, Gaspper, Chocolate, Pelusa, Canela y Aventura, son perros que fueron rescatados de la calle y fueron parte de los 45 canes adiestrados por Eduardo Basantes, experto en el manejo de estos animales. Para la actividad no importó tener raza y por dos meses aprendieron trucos básicos  tales como: sentarse, hacerse el muerto, saludar,  entre otros y hoy están a la espera de una familia que los adopte.

El objetivo del colectivo Latacunga Animalista, es rescatar a un perro de la calle en situación de riesgo y que sea su destino final la adopción y por ende tener un hogar; sin embargo,  muchas de las veces no se concluye el proceso porque han sido maltratados o asustados y eso ha conllevado a ser agresivos con otros canes o a veces a sentir miedo por las personas.

Este fue uno de los proyectos más satisfactorios, que ha sido una suma de voluntades y gracias a un policía antinarcóticos cuyo nombre es Eduardo Basantes, experto en el manejo de canes, quien se puso a las órdenes de Latacunga Animalista, brindó sus conocimientos y tiempo para el adiestramiento de dichas mascotas, expresó Adriana Páez, coordinadora del colectivo.

Esto lo hizo en compañía de los estudiantes de Medicina Veterinaria de la Universidad Técnica de Cotopaxi. Al iniciar este proceso, tanto los universitarios como los integrantes de Latacunga Animalista se llevaron muchas sorpresas y sintieron nervios,  “porque nunca antes se había hecho esto. Poner un collar a un perro maltratado, enseñarle a caminar para que vaya a lado del guía, que aprenda a sentarse, que dé la pata o se haga el muerto o el simple hecho de tener a todos los perros  fuera de las jaulas, caminando como una manada junto a su guía, fue algo muy gratificante”.

El curso duró cerca de dos meses y hace unas semanas atrás se graduaron y les colocaron sus pañuelos, con lo que se les acreditó ser la primera promoción que se gradúa en el refugio de K9.  “Es parte del compromiso con la sociedad, entregar una mascota y además una persona que adopta está salvando la vida y deja el espacio para que pueda ingresar otro animal”.

Cada uno de los estudiantes apadrinó a un perro y llevó su ficha clínica, es decir, fueron los encargados de ver su estado de salud, revisar su pelaje, sacarlo a pasear, entre otras actividades. También se hizo un proyecto de hogares temporales, a los que se derivaron seis casos alarmantes, los que se hicieron cargo de los cuidados después de las cirugías, pero la permanencia y el contacto diario, hizo que los jóvenes sientan el cariño por dichos animales y muchos de ellos fueron adoptados.

“Eduardo Basantes no sólo enseñó a los perros sino  también a nosotros, porque cometíamos errores”, reveló Páez. Una de las conclusiones que saca, es que cuando se quiere se puede y  si bien es cierto que no todas las personas  pueden aportar de forma económica, lo hacen con sus conocimientos y contingente humano.

“Feliz porque son los futuros veterinarios, quienes recomendarán la adopción de perros, recomendarán la  esterilización y fomentarán la tenencia responsable de las mascotas y son ellos los que ayudarán a paliar esta problemática del maltrato al animal”. (I)

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