Dicen que en esta vida hay ciertas decisiones que deben ser tomadas en base a la emoción y el impulso; que no siempre hay que depender de un plan establecido. Que debemos dejar fluir nuestras emociones y hacer lo que nos plazca.
Cada individuo es libre de obrar a su manera, sin embargo con mucha sinceridad y a la vez indignación me atrevo a decir que las autoridades de nuestra ciudad se han tomado muy a pecho estas consideraciones y las han reflejado en sus actos. Se han olvidado por completo que fueron electos como autoridades para encaminar a la ciudad, que asumieron una gran responsabilidad y sus decisiones deben ser basadas en la coordinación, la optimización de recursos, el sentido común y la consideración permanente de los intereses y necesidades de la ciudadanía.
Es triste evidenciar que en nuestra ciudad prevalecen las obras con falta de coherencia y planificación. Las autoridades de estos tiempos, actúan basados en el instinto, las conveniencias y hasta el capricho. Su palabra es la única que tiene validez, hacen de oídos sordos a las sugerencias y poco o nada sirve la opinión de los ciudadanos “beneficiarios”.
Estos “lideres” prometen plazos de tiempo extraordinarios para realizar los trabajos, cuando la realidad es que normalmente toman el doble y hasta el triple de lo ofrecido. Para justificarse aducen que las constructoras han actuado ineficientemente, que la falta de apoyo del gobierno, que el clima y un sinfín de otras excusas que parecen ser tomadas de un libro de ficción.
Tras un largo periodo de espera, cuando llega el momento de la “gran inauguración” resulta decepcionante e irónico ver que hay mayor prolijidad, interés y dinero en el evento de celebración que la obra como tal. Descubrimos que las obras difícilmente se asemejan a lo que se prometió y con el tiempo pasan por desapercibidas.
Cuando se ejecutan las obras, se evidencia el desorden y la falta de planificación. El más claro ejemplo es la “grandiosa obra de San Francisco”, llevada a cabo a tan solo meses de terminar un periodo administrativo. Nunca se consideró el parecer de los moradores y no se ha tomado en cuenta que para hacer una obra de calidad estética primero es fundamental el alcantarillado. No existe un control riguroso del tránsito, los autos invaden vías, se estacionan a conveniencia y en horas pico el caos es evidente.
A ello se suma el atentado a las normas de seguridad, aquellos trabajos constituyen un peligro permanente para quienes circulan por el sector. Ojalá, no sea necesario esperar un percance para que se tomen acciones al respecto. Como antecedente están los accidentes suscitados en la obra de “El Molinero”.
Es lamentable admitir que la motivación para actuar de las autoridades no es por el beneficio de la ciudad, sino por el de incrementar su ego y hasta su bolsillo. Este año en particular resulta que hay mayor interés por el centro histórico, por los eventos masivos y por los sectores vulnerables. NO ES CASUALIDAD! Obran con el propósito hacerse notar y llegar a una reelección; justo ahora hacen un trabajo que debió haberse hecho desde que fueron electos.
Latacunga es un lugar donde no hay ley y orden. Es una pena comprobar que depositamos nuestra confianza en personas que no hacen nada por nuestra ciudad y que sus decisiones son tomadas a la ligera.(O)

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