Que no hay muerto malo, es una habitual expresión coloquial, cuando oímos alguna loa muy laudatoria por el difunto, en su adiós.La verdad, hay muchos malos muertos, tantos como malos vivos, pues el morirse no es, en forma alguna, garantía de mejora ética.
El ladrón, el canalla o el criminal, no dejará de serlo así muera diez veces.
El abominable Abimael Guzmán, inspirador ideológico del salvaje movimiento terrorista Sendero Luminoso, y Perú, acaba de morir, de neumonía, encerrado en una cárcel de alta seguridad, tras haber pasado los últimos 27 años de su vida en prisión, en cumplimiento de una cadena perpetua, a la que fuera condenado por crímenes de lesa humanidad.
No faltarán seguramente los fanáticos que se sientan dolidos por su partida, indiferentes a los sufrimientos que su paso por el mundo deparó a las decenas de miles de víctimas que tuvieron la desdicha de cruzarse en su camino, u oponerse a sus designios. Ese tipo de gente abunda, lamentablemente. Aquellos que se creen con algún tipo de derecho para determinar la vida o la muerte de otros, a cuenta de algún delirio ideológico o religioso, que supuestamente les confiere un manto de certeza o verdad revelada. Son sujetos que actúan bajo supuestos de “bienes comunes”,  “justicias sociales”, “mayorías oprimidas”, y una larga serie de slogans, acuñados como mantras por autodeclarados “progresistas”.
El concepto del progreso pasa, por encima de cualquier declamación, por respetar la vida de los demás, y su libertad para vivirla como le guste, vestirse como le parezca y actuar como a bien tenga, dentro de un marco legal que, respetando ésos principios esenciales, haya sido establecido por un
mandato legítimo, ético y político, de la sociedad. Lo retrógrado, lo anti progreso, es el retorno al pasado, a la tiranía arbitraria y al dogma religioso o ideológico, que muy frecuentemente van de la mano. Es el retorno a los iluminados, a los reyes magos, a los sumos sacerdotes, a Faraones y Césares.
El sangriento sendero propuesto por Abimael, fue uno de dolor y de muerte, muy digno continuador de sus guías inspiradores, Mao Tse Tung, por un lado, por liderar una revolución marxista desde el campesinado, una aberración evidente para el pensamiento marxista, que por el camino fue dejando a entre 40 y 60 millones de muertos de hambre, paradójicamente campesinos en su gran mayoría, justo aquellos a los que supuestamente quería redimir, y Pol Pot, el gurú del Khmer Rouge, autor del terrible genocidio contra el propio pueblo
camboyano, durante la aplicación de su proyecto de ruralización forzosa, que implicó el vaciamiento de las ciudades, destinando a sus habitantes a trabajos forzados en el campo, sin alimentos y a la intemperie. La mitad de la población de Camboya fue así asesinada en los llamados “campos de la muerte”, por este sicópata, donde la “culpa” se establecía por el grave crimen del uso de gafas o la ausencia de callos en las manos.
El tenebroso sendero del “presidente Gonzalo”, el alias bajo el que actuaba
Abimael, para asemejarse a su ídolo inspirador, Mao, destrozó a la sociedad
peruana, lanzada a una vorágine de violencia y odio, sobre todo racial. El país se sumió en el caos y la miseria, por la fuga de capitales y por la lógica renuencia de los inversionistas extranjeros, a poner dinero en un país casi en guerra civil. Las más notorias matanzas del grupo terrorista, fueron las comunidades campesinas que nunca apoyaron o estuvieron de acuerdo con el descabellado proyecto senderista. De la sierra de Ayacucho hasta la Amazonía, poblados enteros fueron erradicados, para sembrar el terror e intimidar al resto, pues justamente en ese entorno de terror es donde mejor operan los criminales. Siguiendo en aquel momento el modelo colombiano de las FARC, Abimael se asoció, vendiendo protección, a las principales bandas de productores de pasta base de cocaína. El vínculo entre el crimen organizado y los autodenominados “revolucionarios” y “progresistas”, en Sudamérica al menos, particularmente el narcotráfico, está establecido más allá de cualquier duda, sin que se pueda establecer muy bien quien lleva la batuta en lo que se ha vuelto un negocio multimillonario.
Es preciso señalar que, propuestas muy parecidas a las que Abimael planteara en su momento en Perú, se han planteado también en Ecuador, al hablarse de un “comunismo andino”, profundamente racista, y que plantea la “restitución” a los aborígenes originarios, del “despojo” sufrido por la conquista española. De hecho, en Octubre de 2019, se pudo constatar el grado de preparación alcanzado, tanto por grupos entrenados para terrorismo urbano, como a organizaciones indígenas aterrorizando a los productores agrícolas, ganaderos y florícolas, chantajeando a ciudades, con la amenaza de  cortar el abastecimiento de agua o de alimentos, lo cual es un crimen de lesa humanidad.
Al Perú le costó años de guerra, de muertos y de miseria, el deshacerse del abominable Abimael, y así y todo, los ecos de sus odios y rencores siguen vivos en algunos sectores de la sociedad peruana. Ojalá no emprendamos ese tortuoso y sufrido sendero, y que, con suficiente sentido común, aprovechemos las experiencias ajenas, superando odios y rencores.