La preocupación por la amenaza de la pandemia, ha sido superada por el escenario político que se ha agitado, especialmente en la legislatura, con motivo de la aprobación de leyes controvertidas como la reciente amnistía para 268 angelitos que fueron apadrinados por el PK, UNES, PSC y algunos asambleístas, que únicamente obedecen a intereses personales. Pretensiones solapadas de los capos de la componenda, para desestabilizar la Asamblea y amenazar al Ejecutivo, siguen latentes y volverán a intentar tomarse el CAL y defenestrar a la Presidente Llori.
El país rechaza mayoritariamente este rol desestabilizador y conspirador de los 137 padres de la Patria, que hacen uso de su curul para fines protervos que solo ellos, en su intimidad, conocen. Mientras la mayoría de la población, desempleada, espera la reactivación económica para salir adelante por su propio esfuerzo. ¿Acaso la indolencia y el egoísmo no les permite trabajar para forjar soluciones? Las propuestas que provienen del Ejecutivo, por muchas diferencias ideológicas o de conveniencia política que puedan existir, deben merecer una discusión seria, para concluir en leyes que creen oportunidades y soluciones.
Las escasas decisiones que ha tomado esta Asamblea, son piezas magistrales de demagogia, pues no son viables. Apenas logran el aplauso de los ingenuos beneficiarios que son engañados con fines electoreros. Caso específico, la ley del Magisterio que pretende crear nuevas cargas permanentes a la Caja Fiscal sin que exista la contraparte de ingresos permanentes para solventarlos, por más de USD 4.000 millones anuales, que representa 4% del PIB. Esta escandalosa actuación que busca el voto del magisterio, no tiene consecuencia para los autores, ni les quita ni el sueño, pues su firma es todo lo que han dado.
Los discursos populistas que prevalecieron en campaña, buscan hacerse realidad, abusando de las mayorías que coinciden en esta forma de pensar. Así es como, luego de compartir las trincheras en la toma de Quito en octubre 2019, se han reencontrado en la legislatura y han concedido amnistía a todos los compañeritos que se cobijaron en un mismo paraguas, para calificarse como perseguidos políticos. En un acto que raya en abuso de autoridad, 99 pensantes impusieron su bendición y exculparon a delincuentes de toda clase con el pretexto inaceptable de “pacificar el país”. Indignante precedente que será utilizado por los futuros delincuentes para establecer como “derecho adquirido” el atentar contra los bienes públicos y privados sin respetar sus derechos, enarbolando una bandera de las tiendas políticas que se encargarán de declararles inocentes.
El primer poder el Estado está tocando fondo. Los 10 meses de gestión son suficientes para que el país califique lo logrado. Mientras los 17 millones de ecuatorianos trabajamos día a día para salir adelante y esperamos que vuelva a brillar el sol, no podemos aceptar que la clase política dedique sus limitadas capacidades a gobernar para sus intereses. La historia que hemos vivido los últimos 42 años de democracia evidencia el fracaso de las componendas que se han hecho a espaldas del pueblo ecuatoriano. Ha primado el despilfarro, la corrupción, la falta de planificación, la demagogia, el clientelismo, siempre cobijados por enunciados populistas que, siendo distintos, coinciden en los fines de apropiación y derroche de los escasos recursos públicos.
Es hora de romper el silencio cómplice que tenemos los ciudadanos. Siguiendo el gran ejemplo de la población Ukraniana, debemos unirnos para levantar la voz y poner un alto a las pretensiones desestabilizadoras de quienes deben dedicar su esfuerzo a legislar y fiscalizar con ánimo constructivo, anteponiendo los intereses nacionales a los particulares o de grupo. Caso contrario, debemos señalarles donde está la puerta de salida.
¡BASTA DE ABUSOS! (O)