Un evento de tanta trascendencia como el cambio de mando presidencial debe ser un acto solemne y sobrio. La gran audiencia está pendiente de los contenidos de fondo que se emitirán, mensajes de parte de las flamantes autoridades cuyo objetivo es buscar la paz interna, considerando que casi el 50% de votantes se encuentra en la oposición.
Sin embargo, en la transmisión de mando pasada el abuso de los aplausos de las barras e invitados opacó el evento; un coro fuera de lugar parecía acomodado a la fuerza dentro del protocolo que debe ser respetado por la importancia del acto.
Cuando al fin pudo hablar el presidente electo se supo que su gobierno estará marcado por el diálogo, que se mantendrá la dolarización, que se eliminarán varios ministerios y secretarías de estado, que se suspenderán las sabatinas y otros temas trascendentales como la aclaración de la lista de Odebrecht.
Si bien es cierto para el anterior gobierno la tarima, la música, el show y la retórica eran esenciales; también es cierto que más allá de estas manifestaciones lúdicas, el país necesita dar señales concretas de que las cosas se van a manejar con seriedad y austeridad; en este sentido se han dado las primeras señales, se espera que por el bien de la nación las cosas marchen como propone el presidente Moreno.(O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

5 × dos =