La alimentación es uno de los factores primordiales para la vida de un ser humano, ya que de ella obtenemos los nutrientes necesarios para nuestro correcto funcionamiento. A su alrededor, se reunía la familia a compartir momentos amenos, mas, hoy, por la acelerada forma de vida que llevamos, reunirse alrededor de la misma se ha convertido en un verdadero privilegio. Cada miembro del hogar se halla disperso en sus actividades, o si logran reunirse, se encuentran abstraídos en sus celulares.
Aparte de todo, el alimentarse de forma correcta es un verdadero desafío, ya que toda nuestra comida se ha visto contaminada por distintos factores como fertilizantes, pesticidas, hormonas de crecimiento y engorde, estos últimos en el caso de los animales. Todo eso es un verdadero veneno en los alimentos que no han sido procesados. En los que sí, en cambio, se puede encontrar endulzantes, colorantes y saborizantes, que tampoco son beneficiosas, sino que causan graves daños a nuestra salud.
Lastimosamente, hemos perdido gran parte de nuestro saber alimentario. Antes, solíamos preparar nuestros alimentos de manera muy distinta a la de ahora. Se cocinaba en leña, lo cual, abrigaba el hogar, y además hacía que el sabor de nuestros alimentos sea especial. Se preparaban comestibles ricos en nutrientes como arroz de cebada, colada de machica, morocho, quinua, locro de zambo o zapallo, colada de haba, etc. Hoy, estos alimentos han sido sustituidos, en su gran mayoría, por comida chatarra y poco saludable, misma que ha contribuido al deterioro de nuestra salud, ya que están llenas de harina, sales, grasas y azúcar, que han hecho que enfermedades como la diabetes, cáncer, colesterol alto etc., sigan propagándose .
A pesar de ello, nuestro país es una tierra privilegiada, pues aquí contamos con una gran diversidad de alimentos como frutas, verduras, cereales, carnes pescado, entre otros, que son muy saludables y nos llenan de energía. No obstante, es increíble que en una nación tan rica en ese aspecto, se desperdicie la comida. Se ha podido observar que en nuestros hogares se desecha gran parte del alimento que preparamos. En el restaurante observaremos lo mismo, puesto que gran parte de los comensales devuelven lo que se les sirvió. Esto es penoso, ya que desde la siembra hasta la cosecha y preparación del alimento hay una gran inversión de recursos, que se puede resumir en: mano de obra, tierra, agua, etc. El tiempo y nuestra inconciencia nos están pasando factura. Es increíble saber que existe tal desperdicio, ya que según estadísticas de la FAO un tercio de los alimentos que se producen a nivel mundial terminan en el tacho de la basura, lo que contrarresta a otro dato de la misma institución que dice que, aproximadamente, mil millones de personas padecen de hambre.
Tristemente, la aceleración en la que vivimos hoy en día ha hecho que dejemos de lado uno de los factores básicos y primordiales para nuestra vida, que es el alimentarnos bien, con plena conciencia, disfrutándolo al máximo y no solo como el cumplimiento de una necesidad biológica. Nos hemos olvidado de comidas calentitas, de la receta de la abuela, de aquellos sabores que formaron parte de nuestra niñez y juventud, las cuales degustábamos alrededor de nuestra mesa, junto a nuestros seres queridos. En detrimento, nos hemos conformado con comidas del microondas, que nos la tragamos, acompañados de la televisión o del celular.
Sin embargo, aún estamos a tiempo de cambiar esta situación, de volver a lo que nos hacía tan felices como es el disfrutar del aroma increíble de la machica recién molida, que nuestras mamás la traían tostada del mercado. Todavía tenemos oportunidad de recobrar esos platos cariñosamente trabajados por nuestras abuelitas, que nos “yapaban” para vernos felices. Es verdad que nuestra vida se ha acelerado, pero es menester que le pongamos un freno…(O)