IGEPN informó emisión de vapor, gases y bajo contenido de ceniza, con una altura de la nube volcánica mayor a 800 metros sobre el nivel del cráter con dirección Nor-Este. Se mantiene monitoreo constante del territorio ubicado en dicha dirección con el objetivo de evidenciar la evolución del estado del volcán.

25 de noviembre de 2022.- Mediante boletín informativo el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional informó sobre la variación de la actividad interna del volcán Cotopaxi, en el boletín se indica que La noche del 21 de octubre se registró una señal de tremor de baja frecuencia asociada a una emisión de gases y ceniza que produjo una caída moderada de este material en el flanco norte del volcán, incluido el Refugio José Rivas. 

Desde entonces, la emisión de gases ha sido casi continua y visible claramente, con columnas que han alcanzado hasta 2 km sobre el nivel del cráter. Los parámetros vigilados por el IG-EPN muestran que el Cotopaxi aún permanece con una actividad interna baja, marcada por una sismicidad ligeramente superior al nivel referencial desde 2015.

La tarde del miércoles se observó una emisión de ceniza entre 200 – 300 metros sobre el nivel del cráter con dirección hacia el este, en la noche se registró otra emisión que alcanzó 1000 metros sobre el nivel del cráter, con contenido bajo de ceniza y se dirigió hacia el este. 

Mientras que la mañana de este jueves se registraron varias emisiones entre 500 – 900 metros sobre el nivel del cráter principalmente de gases y vapor de agua, la dirección predominante fue hacia el noreste.

Diego Molina Técnico de Gestión de riesgos del GAD Provincial de Cotopaxi, señaló que la tendencia del volcán siempre va a ser ascendente, porque es un volcán activo, por ello, se ha estado tratando de concientizar en estos procesos que hemos estado de capacitación con la comunidad.

Recordó que durante estos años hemos estado pasivos, esperando a ver qué mismo pasa ahora que el Cotopaxi va incrementando paulatinamente su actividad nosotros también debemos ir incrementando nuestras capacidades de respuesta ante lo que pueda pasar, en caso de darse un proceso eruptivo para que no se repita otra vez la desesperación del 2015, de no saber qué hacer.