Ecuador es un país volcánico desde hace unos 25 millones de años; este hecho le ubica en la lista de los 1555 volcanes en todo el mundo, según el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional; en donde se concluye que nuestro país cuenta con 31 volcanes entre activos, potencialmente activos y en erupción.

Una erupción volcánica se produce cuando el magma que se encuentra dentro de los volcanes, bajo fuertes presiones internas expulsa: lava, ceniza, y gases tóxicos desde el interior de la tierra  a través del cráter; de estos materiales la lava, dependiendo de su composición química, puede recorrer cientos de kilómetros hasta enfriarse, provocando destrucción a su paso, pero otro tipo de lava como la de nuestros volcanes, se solidifica rápidamente en contacto con el oxígeno del aire y los materiales piroclásticos bajan rodando por el cono volcánico, no causan mayor daño como el de lava líquida; sin embargo el otro componente que es la ceniza puede recorrer muchos kilómetros con la fuerza del viento y cuando toca tierra puede producir obstrucción de los causes de agua, tapan las alcantarillas, interrumpen el tráfico aéreo, dañan los cultivos, el forraje de los animales, se acumulan en los techos de las casas, etc.

Es claro que la humanidad ha sufrido destrucción y muerte con esta dinámica del planeta. Pero los volcanes también tienen importantes beneficios como recarga de los mantos acuíferos, Mantiene ecosistemas llenos de vida,  materiales de construcción, mejoran los suelos para la agricultura, es la base para la energía geotérmica y el turismo.

Los volcanes activos en el marco ecuatoriano, se menciona el Guagua Pichincha el Cotopaxi, el Cayambe, el Reventador, el Sangay, tienen una frecuencia alta de erupciones y por eso existe una mayor probabilidad de reactivarse en un futuro cercano; en consecuencia, éstos son monitoreados permanentemente. El Volcán Sangay es el último volcán al sur del Ecuador, ubicado en la Cordillera Real, en la provincia de Morona Santiago. Es uno de los volcanes más activos del Ecuador, manteniéndose en actividad eruptiva constante desde 1628.

Para vivir en armonía con los volcanes debemos cumplir con algunas recomendaciones como: establecer vías de evacuación y zonas seguras; se debe mantener cubiertos los depósitos de agua para evitar que se contaminen con la ceniza.

Con respecto a nuestro Cotopaxi, lo único que debe preocuparnos es la cantidad de nieve que se derritiera al calentarse con la erupción, pero en la más grande erupción de 1877, el volcán tenía mil quinientos millones de metros cúbicos de nieve y no le causó mayor daño a Latacunga, mas hoy con el calentamiento del planeta, el volcán ha quedado con alrededor de cuatrocientos millones de metros cúbicos, que es probable que la cantidad de agua que se formaría, ni siquiera llegue a nuestra ciudad, por lo mismo se debe eliminar la declaratoria de zonas muertas y zonas de alto riesgo en algunos barrios. (O)