La Unidad Educativa La Inmaculada en días anteriores realizó con los padres de familia el rescate de juegos tradicionales. FOTO M.S. LA GACETA

Actualmente los adultos mayores recuerdan cuando jugaban los juegos tradicionales y con la cotidianeidad de su niñez esperan que sobreviva estas actividades a través de los tiempos.

Antiguamente en las calles sólo se veía a los niños, algunos jugando: las bolas, la rayuela, la soga o los ensacados “eran días en que no estábamos encerrados en las casas, sino más bien después de nuestras tareas salíamos a jugar”, recordó Patricia López, de 72 años.

Según la historia los juegos tradicionales son aquellos juegos típicos de una región o país, que se realizan sin la ayuda o intervención de juguetes tecnológicamente complicados, sólo es necesario el empleo de su propio cuerpo o de recursos que se puedan obtener fácilmente de la naturaleza.

“Era un judío cuando estaba en la escuela”, expresó Segundo Jiménez, de 83 años (risas), él jugaba a las planchas con las ayoras (se conocía así a la moneda de 1 sucre que en 1928 fue reducida de 25 gramos a 5 gramos), junto a sus amigos trazaban una bomba, ahí colocaban las monedas, o rodelas metálicas una por cada jugador y entre una distancia debían sacar las monedas o tratar de golpearla y si estaba muy cerca había la posibilidad de tirar en plancha para eliminar a su rival.

Jiménez, actualmente reside en el Instituto Estupiñán, comentó que hace dos meses volvieron a recordar su niñez con la práctica de estos juegos “eran momentos muy felices”.

Similar criterio tiene Amadeo Rivera, de 83 años, en su caso jugaba a las corridas de toros, esto consistía en que los más grandes les cargaban a los más pequeños y en una distancia prudente corrían a quitar a las mujeres los pañuelos luego de dos vueltas regresaban y el que más pañuelos tenía, ganaba el gallo que era una especie de regalo.

“Era una fiesta” ostentó con una carcajada. También entre sus remembranzas estaba la perinola que es similar al trompo de material duro que se hace bailar con los dedos y en sus alrededores estaban escritas diferentes letras. Al hacerla girar y al detenerse deja una cara con la inscripción de la suerte por lo que se utilizaba para jugar y hacer apuestas.

Jiménez, pensó que en los colegios se debe fomentar o enseñar cada uno de los juegos para que no se vaya perdiendo. “Anteriormente los profesores eran muy estrictos y tenían la facultad de dar un golpe a sus alumnos que no cumplían con la tarea”.

Recordó además que antes no había ni cuadernos y utilizan una pizarra tipo cartón con lápiz blanco, pero los que tenían una economía estable manipulaban pizarras de piedra, aunque eran un poco pesadas eran finas con cuadros de madera y los llevaban en las mochilas de cuero de borrego.

Estudiaban dos jornadas desde las 07:00 hasta las 12:00, luego tenían el almuerzo, pero los que vivían lejos traían consigo el “cucayo”, en ese tiempo libre también aprovechaban para jugar, antes de ingresar a las 13:00 a clases.   

Para revitalizar más a los juegos tradicionales, Carmen Chicaiza, de 75 años, habló acerca del juego de la cebollita, esto radicaba en que los participantes sentados uno tras otro debían sujetarse con las manos en la cintura. El primero se asegura fuertemente sea a un poste o barda. La persona que queda libre será quien debe ir arrancando las cebollas una por una. La idea es no soltarse, ni permitir ser arrancada.

En cambio, este juego recuerda Amadeo de otra forma, en una fila de diez personas uno tras de otro bien amarrados de la barriga; mientras que otro simula ser un adulto, sentado dice: “buenos días señor, ha de tener una cebolla, le contesta no sé, habrá que ver en el huerto; entonces el comprador empieza a jalar hasta ir sacando uno por uno.

Otra de las actividades practicadas por Chicaiza fue la rayuela en cada cajón se rotulaba los días de la semana y con un “torterito” saltaba de un solo pie, el que asentada los dos pies antes de la meta perdía.

Ernesto Salga, jugaba el juego de los populares cocos, consiste en que un grupo de personas se reunían en una cancha de tierra, ahí dibujaban una circunferencia donde iban los cocos tenían un valor, es similar al de las canicas, los contrincantes deben tratar sacar el coco de su rival y el que mayor ha sacado es el triunfador.

Los adultos mayores consideran que actualmente se ha ido perdiendo y ahora la juventud juega a través de una pantalla, elemento que no les permite crecer ni desarrollar sus habilidades: ni motriz, ni corporal y sobre todo experimentar lo que la naturaleza brinda.

Juegos

Antes se destaca el juego de trompo, el zumbambico, los baleros, la perinola, los zancos, la rayuela, las escondidas, sin que te roce, el elástico, palo ensebado, catapulta, carrera de zancos o ensacados, el baile de la silla, el baile de la escoba, carreras de huevos con la chuchara, carrera de tres pies, entre otros. (I)