La encrucijada de un país joven (no llega a los doscientos años) es la idea superficial y difusa que tiene un amplio sector de la población ecuatoriana, especialmente, las nuevas generaciones respecto a conceptualizar, interiorizar y vivenciar los referentes de identidad que nos caracterizan.

 No se ama lo que no se conoce, para defender con pasión la Patria es necesario tener claro los rasgos distintivos de nuestra independencia y soberanía. Reafirmaremos nuestra libertad en tanto no perdamos nuestras raíces culturales, y para ello es indispensable adentrarnos en el conocimiento histórico, que nos acercará a valiosa información de los diversos aspectos que caracterizan al ecuatoriano y que ha configurado la sociedad en que vivimos.

Es indiscutible que la influencia de las culturas del mundo llega con fuerza, especialmente a los más jóvenes; el -relativamente- fácil acceso a las nuevas tecnologías de la información y la carga ideológica de los países poderosos los convierten en el blanco de los proyectos que apuntan a cambiar nuestros referentes de identidad.

Las cadenas de medios masivos de comunicación y la creciente industria cultural, tergiversan y desmontan la historia, enajenando y fomentando una vida banal y superflua, sesgando las luchas sociales, sumergiéndonos en el consumismo y en reivindicaciones de coyuntura.

Esta asfixia cultural a los pueblos busca convertirlos en simples títeres de un maquiavélico manejo del poder, en donde una minoría manipula las libertades con el sutil encanto de la seducción neocolonial, que a través de la generación de tendencias culturales acaba con los referentes propios y conduce a la apropiación acrítica de gustos por moda.

La batalla por mantener viva la esencia diversa de la ecuatorianidad debe ser ganada en buena parte en las escuelas, colegios, universidades; manteniendo cada día la obligación de fortalecer la identidad. Esto ayuda al estudiante a convertirse en un ser humano mejor y le prepara para que nadie pueda engañarlo. Es imprescindible argumentar y demostrar, desde la ciencia, cómo afecta y enajena una sociedad de consumo.

Más allá de las contradicciones generacionales, que no son antagónicas y sí necesarias para el desarrollo, la juventud actual está por lo general identificada con su Patria, solo que la manifiestan de acuerdo con los tiempos actuales.

Ansiamos un país mejor, nadie tiene derecho a cambiarnos; nosotros -desde nuestras vivencias- tenemos la capacidad y el talento para hacerlo sin perder la conciencia de la importancia de nuestros valores culturales, que han sido los forjadores de nuestra idiosincrasia. Es responsabilidad colectiva actuar pensando en el bien de la Patria, de nuestro legado depende el Ecuador del futuro.