La agricultura industrial no solo es responsable por el acaparamiento de tierras y territorios a nivel global, sino que es también una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero. El uso creciente de fertilizantes sintéticos y agrotóxicos, la maquinaria pesada que se requiere para laborar las extensiones de monocultivos, la deforestación, la generación de desechos a partir de la producción en exceso a lo largo de la cadena y el alto consumo energético del sistema de distribución y comercio de alimentos a gran escala como: refrigeración, residuos y transporte, hacen que las corporaciones agroindustriales sean responsables de gran parte de las emisiones de gases que han alterado el clima del planeta.

Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) demuestra que, en conjunto, los sistemas mundiales de producción alimentaria desde las explotaciones agrícolas donde se cultivan los alimentos y las etapas posteriores de procesado y comercialización consumen el 30 % de toda la energía disponible. Pero la mayor parte del consumo de energía que corresponde al 70 % se produce una vez que los alimentos han salido de las explotaciones agrícolas, en transporte, procesamiento, envase, almacenamiento, preparación y comercialización.

El aumento en los precios del petróleo y el gas natural, la inseguridad respecto a las reservas limitadas de estos recursos no renovables y el consenso mundial  sobre la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, podrían obstaculizar los esfuerzos mundiales para satisfacer la creciente demanda de alimentos, a menos que la cadena agroalimentaria se desvincule del consumo de combustibles fósiles. Del mismo modo, sin acceso a la electricidad y a fuentes de energía sostenibles, las comunidades tienen pocas posibilidades de alcanzar la seguridad alimentaria, y ninguna oportunidad de asegurarse medios de vida productivos que puedan sacarles de la pobreza.

Diversos movimientos sociales, proponen la soberanía alimentaria como solución a la crisis climática, a partir de la agricultura familiar y la agroecología campesina.

En nuestro país la agricultura rural es un modo de ser, de vivir y de producir en el campo; Se asienta en el trabajo familiar, a partir de una base de recursos bajo el control campesino: tierra, agua, energía y biodiversidad, se realiza en una relación estrecha con el ambiente, busca permanentemente una autonomía relativa en el proceso de producción, y apunta hacia las necesidades de las comunidades campesinas.

Existen diversas tecnologías orientadas a la agricultura campesina y a la agroecología, pero es necesario sumar esfuerzos y agendas entre los movimientos sociales, los trabajadores del campo y la ciudad, que defienden la soberanía alimentaria, la agroecología familiar y campesina y la transición energética popular que pueden contribuir a la transformación integral para avanzar hacia sociedades basadas en la justicia ambiental y social. (O)