“Los periódicos no deben ser instrumentos en manos ‘de los enemigos de la República’. Solamente permite que continúen apareciendo trece, advirtiéndoles que serán inmediatamente suprimidos si publican ‘artículos que no respetan el pacto social, la soberanía del pueblo y el honor de las fuerzas armadas’. El Moniteur oficial se encargará de informar a la opinión pública a su manera”. No es comentario del presidente saliente, es el pensamiento de Napoleón Bonaparte, reseñado por Andre Maurois, en su obra ‘Biografía de Napoleón’. Si quisiéramos restablecer esta corriente del pensamiento de Napoleón respecto al control de la prensa, tropezaríamos con que actualmente ya hay aquí la Superintendencia de la Comunicación, institución que reglamenta y vigila a la prensa como servicio público, y con la incautación de varios medios de comunicación que informan a la opinión pública de acuerdo al sentir del mandatario. A días de dejar la presidencia, percibimos la concentración en sus manos de toda la estructura del Estado, incluida la ‘metida de mano a la justicia’. En su momento, el saliente dio a entender que es ‘preferible la injusticia al desorden’, a causa de que en tiempos de revolución la amistad es frágil y es insegura, por lo que se condujo con mano dura para evitar el desorden y la traición, -acanallando a los opositores y desertores-.
En este cambio de mando gubernativo notaremos que el ‘orden rojo’ será remplazado con el ‘orden blanco’, pluralista y respetuoso con la oposición; así da señales el presidente electo Lenin Moreno, lo que hace temer al próximo Ausente una posible debilidad de su sucesor, y por eso se cura en salud blindándose con el Decreto de que presidentes y vicepresidentes tengan protección una vez que han dejado el cargo. Al mismo tiempo, ‘la Ley del Servicio de Protección Pública’, que fue al apuro aprobada con 71 votos por la Asamblea Nacional -y que será sancionada inmediatamente por el saliente-, da a entender que puesto esa armadura, ni las bombas KK que le botan en las manifestaciones al Maduro de Venezuela,  le alcanzarán. A propósito de las bombas KK, me pregunto: ¿de dónde habrán sacado la materia prima los venezolanos para fabricar esas bombas KK, si no tienen nada que comer? La Gaby debe estar preocupada por tanto desperdicio de comida.
“El que nada debe nada teme”. Sobre lo señalado conjeturo que el saliente repasará sus diez años ganados, y concluirá a su favor dándose halagos de haber hecho bien las cosas, apoyándose en que ‘un hombre de Estado no tiene derecho a ser sentimental’, o a lo mejor creerá que los actuales ciudadanos estamos aquejados de ‘degeneración senil’, y que por eso no recordaremos su forma de haber gobernado. Considero que la única manera de hacer olvidar al saliente, es cumpliendo con lo prometido por parte del Licenciado; a no dudarlo -por la seriedad con la que presenta las cuestiones-, aparecerá de conductor democrático de los destinos de la Patria, respetando a los otros poderes.
Creo que al saliente le va a caer bien la soledad y aislamiento en Bélgica; la grandeza le ha de haber aburrido, sus sentimientos se secaron y, en el recogimiento, se dé cuenta de que con el bien actuar del Licenciado su gloria ya se marchitó, o, en las tinieblas aflore su cualidad de contestatario, y mire el futuro emprendiendo la misión de retomar el poder los próximos años una vez que concluya el mandato el Licenciado, o apresure con sus huestes -que quedan intactas- a rescatar la revolución a través de la muerte cruzada, para de inmediato con sable de guerrero -como es su costumbre de ser el único- crea que el poder a él le viene de arriba y la confianza de abajo.
¿Qué esperamos los ecuatorianos cuando el saliente convertido en Ausente ya no esté? Que Lenin construya fe de visionarios y destierre ese fanatismo de siervos que han estado ahogando la verdad del pueblo, cabizbajo y asustado, falto de valores y de moral para reclamar decididamente. Pues, no es fácil exigir cuando la justicia es de un solo dueño; solo unos pocos se han atrevido con el desorden, pero han pagado con su injusta persecución. José Ingenieros advierte: “En las mediocracias americanas abundan los malos políticos, los ignorantes, los oportunistas, hipócritas, los que se aprovechan de las estupideces del rebaño. De cada cien, noventa y nueve mienten lo mismo: la grandeza del país, los sagrados principios democráticos, los intereses del pueblo, los derechos del ciudadano, la moralidad administrativa. Todo ello no es vergüenza consuetudinaria, resulta una tontería enternecedora (…) No se avergüenzan de escalar el poder a horcajadas sobre la ignominia”.
Y pensar que las revoluciones las hacen los fanáticos, y  los ‘chupatintas’  desenredan sus razones.(O)

Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala

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