Es evidente que estamos en año electoral, cuando vemos caritas conocidas aparecer en la cotidianidad, sonrientes, refaccionadas, amigables, cariñosas, caminando sin rumbo para ser vistos y buscando notoriedad. La ausencia de estos autocandidatos a salvadores de la Patria chica desde la anterior elección, ha pasado desapercibida. Probablemente, le han hecho un bien a la comunidad, silenciando los altoparlantes que inundan de ofrecimientos fatuos nuestro entorno. Emulando la serie “The walking dead” (los muertos caminantes) han vuelto a deambular en busca del favor popular, con ofertas demagógicas corregidas y aumentadas.
Este ejercicio “democrático” se ha convertido en un ciclo recurrente desde hace 42 años en que recuperamos la democracia con la elección de Jaime Roldós. La clase política es responsable de la conducción del país, que a pesar de los recursos que ha recibido del petróleo, acumula muchas demandas insatisfechas de una población creciente, cuyas aspiraciones son cada día más altas. A ellos debemos el estado de endeudamiento y el despilfarro de la mayoría de recursos económicos, que se traducen en desesperanza de la mayoría del pueblo trabajador, que aspira salir adelante con su propio esfuerzo, como se demuestra con las olas de migrantes a países que les abren sus puertas.
Las reglas electorales atentan contra la voluntad popular, pues obedecen a los cálculos de la clase política para mantener su hegemonía. Nos imponen votar únicamente por lista, cumplir un mínimo de mujeres y jóvenes que se convierte en discriminación a otros ciudadanos que pueden tener el mérito suficiente para acceder a la candidatura, se cambia el método de asignación de escaños para que salgan elegidos los candidatos de confianza del partido, se obliga a presentar candidatos en listas completas, etc. todo lo cual no abona en beneficio de una elección a conciencia de individuos por sus propios méritos.
Por los siguientes nueve meses, deberemos padecer la tortura de escuchar discursos de barricada, promesas de salvación, juramentos de honestidad, transparencia y ejecutividad que no pasan de ser meros enunciados. Las redes sociales serán tomadas por las noticias falsas, los memes, las ofensas, las mentiras, los mensajes subliminales, las propuestas de ficción, las cifras manipuladas, y toda suerte de engaños para vender la imagen del super candidato, mientras destruyen la de los adversarios. Los méritos son tantos, que solo les falta postularse para un sitio en los altares. La respuesta de los contrincantes, no se hará esperar, devolviendo esas agresiones con armas destructoras, sin respetar al público que observa incrédulo tanta agresión.
El resultado de este ejercicio de guerra política, será la elección por accidente, de personajes descalificados para ocupar los lugares destinados a ejecutivos, legisladores y fiscalizadores, cuyas ejecutorias no llegarán ni de lejos a lo que aspira y requiere el electorado. Es la crónica de una muerte anunciada. Los méritos para ganar una elección parecerían ser la demagogia, el populismo, la capacidad de oratoria, de compra de votos, de movilización. Poco o nada aportan los proyectos de provincia, cantón o parroquia, que deberían presentar los partidos políticos, a ser ejecutados por los candidatos que presente.
Nos preguntamos si existe forma de romper este círculo vicioso, y elegir a personas que tengan la capacidad de ejercer las funciones, con transparencia, honestidad, ejecutividad, eficiencia y respondiendo a los intereses de la comunidad. La respuesta parece estar en la PARTICIPACIÓN CIUDADANA, que dispone de 17 formas de hacer valer sus derechos, para lo cual basta la decisión de asumir el rol “protagónico” que le otorgan la Constitución y las leyes. El futuro está en nuestras manos, sea para bien o para mal. Rompamos el círculo vicioso y elijamos con conciencia.
¡BASTA DE ENGAÑOS! (O)