Cuántos de nosotros no han tenido una mala experiencia con un familiar, amigo, o una persona cercana en su trabajo. No creo que haya una sola persona que no haya experimentado el tener un enfrentamiento que a veces suele ser para toda la vida.
Pero así mismo, como ha habido malas experiencias, nos topamos con personas que han demostrado su fidelidad y su amistad sincera siempre. Además muchas no pueden verse con frecuencia, pero siempre están pendientes y listas para apoyarnos cuando más lo necesitamos.
La amistad sincera es un regalo maravilloso que Dios nos da para poder afrontar muchas contratiempos que nos trae la vida, y que está ahí pendiente de nosotros, es un tesoro con un valor muy grande.
Muchas veces las amistades se transforman en más que hermanos, porque hay más compatibilidad y más comprensión. Es la relación de afecto, simpatía y confianza entre dos personas que no son familia, pero llegan a serlo.
Claro está que debe existir reciprocidad, ya que si uno también está pendiente de sus amigos recibirá ese mismo cariño tarde o temprano.
La amistad es un soporte, un colchón cuando hay derrota, fracasos, dolores, aquellos oídos que siempre estarán listos para escucharnos cuando más afligidos estemos. Pero también para compartir alegrías y triunfos.
No quiero decir con esto que la familia no sea maravillosa, pero siempre una amistad puede ser un apoyo que ve las cosas con más objetividad para un consejo.
La vida nos pone a las personas que menos nos imaginamos en el camino, personas que quizá pensemos que no son compatibles para nada con nosotros, pero a la final terminan siendo nuestros grandes amigos. No importa si esta persona sea de otra condición social o económica, basta que haya un clic donde se vea la compatibilidad de caracteres y la necesidades de cada persona.
Una buena amistad nos puede sacar de muchos huecos, de errores, nos puede ayudar a ver la vida de otra forma, o de otra perspectiva, porque el buen amigo también te hace ver tus fallas y te hace reflexionar.
Tenemos que valorar a nuestra familia, ya que en esta misma podemos encontrar la amistad que necesitamos, igualmente a las que en el transcurso de la vida han demostrado con palabras y acciones que nos quieren como somos y nos dan el empujón que necesitamos para seguir adelante pese a las vicisitudes del diario vivir.
No descuidemos a las personas más allegadas a nosotros, ya que son y serán siempre el soporte que vamos a necesitar. Además de saber integrar a personas que no tienen muchas amistades y de apoyarles cuando lo requieran, es un gesto que no olvidarán nunca, ya que no todos tienen la misma forma de ser ni la espontaneidad ni facilidad que otros poseen para hacer amigos.
Saquemos siempre lo mejor de nosotros para poder construir amistades sólidas y comprometidas. Pero eso sí, es mejor tener pocas amistades sinceras a muchas que crees que lo son y no aportan nada a tu vida. ¡Hay que saber distinguir la diferencia!(O)