La palabra amnistía viene del mismo lugar que amnesia: olvidar. Este concepto no es del todo nuevo, aunque cobra relevancia después de la Revolución Francesa. La idea es simple: en algún momento todos los gobiernos se vuelven tiránicos si se les deja mucho tiempo; cuando esto sucede, la sociedad debe reaccionar en contra de ese gobierno. Para lograr esta oposición, a veces es necesario cometer actos que pueden ser considerados delito. Entonces, cuando la revolución triunfa y el gobierno cambia, puede ser que los actos revolucionarios estén siendo procesados por la justicia. Obviamente, si la gente que ahora es gobierno va a ir presa, la revolución no tendría sentido. Entonces hay la opción de olvidar lo que hicieron, no porque haya estado bien, sino porque era necesario para lograr un fin superior.

Hay que anotar dos cosas: primera, que se trata de una creación liberal, de la que ahora se benefician quienes siempre despotrican contra el liberalismo; y, la segunda, que se trata, en sí mismo, de un derecho del ganador. Si la revolución triunfa, entonces hay olvido, si no, lo lógico es que el gobierno arremeta más fuerte contra los sublevados.

Para poder olvidar esto delitos, primero debe establecerse su relevancia política, la pertenencia a la línea revolucionaria y, sobre todo, la necesidad racional de su cometimiento para obtener el fin político.

No existe una lista de cuáles delitos son políticos y cuáles no. Un delito común, como el robo, puede ser considerado político, por ejemplo, cuando se roba un símbolo del gobierno que se pretende derrocar. Lo que si existe, es una lista de delitos que NO pueden ser olvidados. Así, la misma constitución, en su artículo 120 establece claramente que no cabe amnistía en delitos contra la administración púbica y el secuestro, entre otros.

Ahora bien, esto no quiere decir que cualquier persona o grupo de personas, a cuenta de opinar diferente que el gobierno, puedan hacer lo que les venga en gana. Por ejemplo, una protesta de un grupo minoritario que se sale de control, no se corresponde con un delito político, pues esos actos no pueden relacionarse con una intensión social superior. En primer momento, una minoría no puede hablar a nombre de toda la sociedad, por tanto sus intereses siempre serán particulares. En segundo momento, no puede considerarse político a actos de delincuencia común que se encuentren fuera del discurso de oposición.

Así por ejemplo, en las últimas amnistías dadas por la Asamblea Nacional se dio amnistía a casos de secuestro y delitos contra la administración pública, pese a estar expresamente prohibido por la constitución. Así también se calificó como delitos políticos a casos de tráfico de tierras y atentados contra el oleoducto. Incluso casos de minería ilegal, bajo el argumento de que los sospechosos son activistas ambientales.

Es decir, a sospechosos de vender ilegalmente lotes se les dice líderes sociales, a los sospechosos de atentar contra la naturaleza, se los califica de ambientalistas, y la actividad ilegal de minería se califica como un hecho político. Otras personas son investigadas por intentar destruir nuestro oleoducto, lo que es un atentado contra bienes estratégicos del estado y de igual manera, se les califica de hechos políticos solamente porque en esas mismas fechas estas personas habrían hablado en contra del gobierno. Son casos ridículos.

La idea de la amnistía es hacer que el sistema olvide un delito, porque la sociedad lo olvidó primero. Cuando una rebelión triunfa, y cuenta con el apoyo de su sociedad, ésta no les increpa los daños sucedidos durante las peleas. La sociedad agradece el nuevo liderazgo y olvida que se cometieron delitos para llegar a ser gobierno. Solo luego de esto, los que dicen representar a la sociedad, se reúnen para hacer que el sistema judicial también olvide sus juicios. Insisto: primero olvida la sociedad, luego el sistema.

Porque el sistema no puede hacer sino lo que la gente quiere. Pero aquí, el sistema hace lo que sus secuestradores quieren, y los partidos políticos se turnan en ser los secuestradores.

Y quede dicho: pueda ser que noventa y nueve infaustos asambleístas podrán olvidar lo que sus amigotes le hicieron al país; pero la sociedad no se olvida. No olvidaremos a quienes, simulando representar a los cotopaxenses, actuaron en contra de los intereses de su pueblo, y en contra de la misma Constitución, y aceptaron estas amnistías.

Nosotros no nos olvidaremos. (O)