Por años Laura había recurrido a un sinnúmero de recursos para encontrar al amor de su vida. Pidió ayuda a sus amigos para que le presentaran otras personas, acudió a las publicaciones en el periódico y hasta el tarot. Lo cierto es que a sus casi cincuenta años no había tenido suerte; quizá su personalidad o sus exigencias eran demasiado extremas y no encontraba pareja. A pesar de todas las desilusiones y malas experiencias, Laura se resistía a estar sola y todavía creía en el amor.

En aquella búsqueda insistente, encontró las bondades de las redes sociales. Gracias a Facebook y otras aplicaciones con tan solo un clic salió de los límites de su ciudad para así conocer gente de todo el mundo.  Se animó por chatear con hombres de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y España. La experiencia le resultó fascinante y hasta cierto punto necesaria, los hombres de aquellos lejanos países tenían costumbres y filosofías de vida muy diferentes a la suya, quizá eso era lo que ella necesitaba. 

En aquella búsqueda insistente del amor de su vida, Laura encontró un hombre que llamó su atención: ingeniero, atractivo, de madre latina y padre estadounidense, sensible, agradable, soltero, cuya profesión militar lo había llevado a vivir en Medio Oriente… Todas aquellas cualidades a Laura le resultaron irresistibles, pese a la distancia y la diferencia de horario, puso mucho entusiasmo por estar en contacto con aquel hombre soñado. No le importaba la hora o el sitio, con tal de tener su celular a la mano; lo cierto es que estaba muy ilusionada y al parecer él también. ¡Finalmente había llegado el amor a su vida!

Después de dos meses de aquella romántica historia, de intercambio de tiernos mensajes y fotografías, aquel maravilloso hombre le propuso conocerse cara a cara. Los dos viajarían y se verían en el aeropuerto de Miami, la ciudad donde él vivía cuando no estaba de trabajo. Se encontrarían allí y juntos viajarían por algunos lugares de Estados Unidos durante un mes. Si las cosas iban bien, él le prometía casarse y vivir juntos en aquel país, él renunciaría a su empleo y emprenderían juntos algún negocio. Laura estaba emocionada y empezó a preparar cada detalle de su viaje, retiró todos sus ahorros y los dispuso para cumplir aquel sueño. Había salido solo una vez del país cuando niña, no tenía mucha idea de cómo funcionaban los sistemas de reserva y pagó en línea,  por lo que prefirió que su novio se encargara. De hecho, no tuvo inconveniente en depositar su parte del dinero para realizar los pagos anticipados en las reservas de hotel y los pasajes, mientras él cada vez le enviaba fotografías de los lugares que iban visitar. Ella estaba feliz, ansiaba aquel momento.

El día tan esperado, Laura llegó al aeropuerto a la hora prevista llevando consigo su equipaje y la copia impresa del pasaje que su novio le había enviado. Llegó al counter y mostró sus documentos, pero cuál sería su sorpresa cuando le dijeron que no estaba en el sistema, no había ningún pasaje. ¿Pero qué estaba pasando? Tomó el teléfono y llamó a su novio insistentemente, pero no tuvo respuesta.

Para ese entonces la oficinista pasó su caso a otro encargado. Éste le indicó que la imagen de su pasaje había sido un montaje y que desgraciadamente se podría tratar de una estafa. Laura no podía creer lo que estaba escuchando, empezó a buscar las fotografías de su novio para poner en evidencia que él existía. Para su sorpresa, no había ningún perfil, aparentemente lo habían borrado.

Allí estaba Laura, desconsolada, engañada, sin novio y sin dinero. Toda aquella historia fue un fraude completo. Con el tiempo y buscando en Internet, comprendió que se trataba de una banda organizada que escudriñaba las redes sociales para encontrar mujeres solteras. Los maleantes creaban usuarios falsos utilizando fotos de otros perfiles y engatusaban a sus víctimas prometiéndoles compromiso y una vida fantástica en otros países. Solicitaban depósitos para supuestos pagos de viajes y cuando llegaba el momento de conocerse ellos desaparecían sin dejar ningún rastro.

Por desgracia, esta historia no terminó con un final feliz, pues Laura se quedó con la desilusión, el mal rato y sin ahorros, todo por creer en aquel amor online.(O)