Lo que, Aníbal Culqui más recuerda de su niñez y adolescencia es la voz de su padre diciéndole que debe superarse, “me decía debes tener un taller, una fábrica, generar trabajo”. De hecho, le inscribió en el entonces colegio Ramón Barba Naranjo. 

Ahí aprendió todo lo referente a la metal mecánica, así empezó su idilio con las máquinas. Para graduarse diseñó una máquina que pasó todas las pruebas de sus maestros. Con la confianza del evento, trabajó como cerrajero durante cinco años. 

“No puedo ser un cerrajero toda mi vida”, se cuestionaba. Dio un paso al frente para diseñar carretillas artesanales. Con mucho éxito las vendía a las ferreterías. Para inyectar capital a su negocio debió endeudarse. En 1999 vendió todas sus propiedades, para reactivarse nuevamente en el 2003. 

Sucedió cuando le llevaron a reparar un horno rotativo; ahí su inspiración. Desde entonces vendió más de tres mil hornos automáticos en todo el país. Actualmente Hornipam es una de las empresas más grandes de la provincia. También elabora hornos industriales, contenedores de basura que están en todo el país, menos en Latacunga, “aquí las cosas no se hacen como deberían”, cuestionó. En todas sus empresas, Anibal Culqui da empleo a más de 150 personas. 

Para el empresario es hora que una persona que sepa de negocios y emprendimientos llegue a la Alcaldía de Latacunga, para volverla segura, sobre todo ordenarla y modernizarla. 

Planea volver funcionales a los mercados de El Salto, que sean más acogedores, abiertos con espacios amigables. “Desde el nombre dice Mercado Cerrado, hasta eso habría que cambiar”, aseguró. 

Para complementar esta propuesta, trabajará en la plaza Rafael Cajiao con la colocación de espacios adecuados para las ventas, la idea es dar cabida al trabajo informal, pero con orden. 

También buscará que se exporten los productos latacungueños, por medio de capacitaciones a los emprendedores, para que sepan cómo hacerlo.