La caída de un hermoso árbol en la plazoleta del Santo Domingo por la fuerza de las lluvias y el viento trajo a la memoria  la siembra del mismo hace más de 35 años.

El cabildo de entonces propuso la siembra especies arbóreas en distintos puntos de la urbe, así como de plantas ornamentales en calle peatonal Padre Salcedo. Constituyó una novedad ver la jardineras llenas de vida para deleite de los latacungueños más querendones de su tierra.

Pero la felicidad duraría poco, no tardaron los antisociales en sacar las plantitas, maltratando el espacio público de la manera más cruel. 

Curiosamente los dos arbolitos plantados en sendas jardineras en Santo Domingo sobrevivieron la etapa más crítica de su crecimiento, desafiaron el ataque de los antisociales y se mantuvieron firmes, claro con la ayuda de sus vecinos quienes les prodigaron cariño y agua. Llega a la memoria la imagen de Clemencia Ricaurte, quien nos les desamparó en sus primeros años.

Desde jóvenes era hermosos, habían nacido para adornar a la urbe y dar sombra en los días de extremo calor. Ya maduros se convirtieron en árboles imponentes de inigualable belleza.

Pero nunca recibieron un tratamiento especial, ni fueron podados de una manera inteligente para evitar que su crecimiento se convirtiera en un peligro para la ciudad. Lo mismo ocurre con el árbol plantado en la plazoleta de San Agustín, tantas veces hemos pedido desde esta columna que se lo pode de tal manera que pueda permanecer por muchos años más embelleciendo su espacio sin que sea una amenaza para la ciudadanía y los bienes tanto públicos como privados.

La actual administración de la ciudad ha ofrecido una intervención urgente a todas las especies, se espera que puedan ser rescatadas y que puedan seguir siendo parte de la cotidianidad.(O)