A los más de cuarenta días de esta pandemia global que ha cambiado radicalmente nuestras vidas, vamos viendo que la mascarilla es parte de la cotidianidad de la gente, los guantes y en muchos casos el traje de astronauta también. La población, rápida y desesperadamente va adaptándose a estos artículos de protección, como parte de su indumentaria diaria, que pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Lo cierto es que este virus vino para quedarse de largo y no se trata de un par de meses, los expertos dicen que podría tratarse de años; sin embargo, esto no es pretexto para que terminemos con nuestra cotidianidad, simplemente la nueva cotidianidad, será con todos estos protocolos de protección y aislamiento del peligro de esta pandemia, pues tenemos que seguir viviendo y punto.

Un mes han señalado la mayoría de alcaldes del país, esto es lo que tendremos que esperar, para poco a poco seguir volviendo a una relativa normalidad, que tendrá que ser con muchos protocolos de limpieza y seguridad.

Mientras este drama continúa, la gente del día a día no se resigna y de cualquier manera sale a buscar, el tan escaso pan diario, no importa la manera, vendiendo papel higiénico, mascarillas o guantes; es evidente que para ellos hace mucho tiempo acabó la cuarentena, y si no hacen nada, simplemente se les viene el hambre que aprieta y este es mucho más feo, peligroso y complicado que cualquier pandemia de moda; no importa la gravedad de la misma, hambre es hambre y hay que seguir viviendo.

Una dura realidad absolutamente incontenible a nivel nacional, golpeado por el robo y la desvergüenza de quienes nos han administrado de manera mafiosa y abusiva.

Dicho esto, a este pobre país no le queda otra opción que esperar, confiando en que Dios no lo abandone y de la manera más rápida, pase esta pesadilla que lo ha golpeado de una manera sin precedentes.(O)