Las artesanas realizan el hilado como proceso de aprendizaje. FOTO M.S. LA GACETA

Para muchos de los artesanos el tejer se ha convertido en su filosofía de vida y su habilidad la llevan en las manos. En algunos casos están aprendiendo y su aspiración es elaborar productos a base de la lana de borrego.   

María Carmen Caiza, pertenece a la comuna Cachi Alto y sentada en una silla, explica cómo es el proceso de hilado de la lana de borrego. Esta materia prima sirve para hacer fajas, ponchos, anacos, sacos, entre otros.

Ella se incorpora al grupo de 95 mujeres de su comunidad que realizan el hilado, ya sea a mano o a máquina.

Por lo general, se reúnen cada martes, desde las 15:00 hasta las 17:00 y cada una hace un ovillo. Recién están aprendiendo y a futuro con el apoyo de las autoridades y colectividad buscarán abrirse mercado para poder entregar los diferentes productos.

A esta ciudad, artesanos de otras localidades han llegado con el objetivo de darse a conocer, como es el caso de Luis Tibanlombo perteneciente a la provincia de Bolívar, realizó su emprendimiento hace dos años y estaba promocionando zapatos a base de cabuya en modelos de sandalias y pantuflas, además de carteras y estuches.

Comenta que las mujeres de sus sectores se dedican a esta actividad porque no hay otro sustento y “las autoridades les han abandonado”, por ello que les ayudan a promocionar a nivel nacional e internacional.

El artesano asegura que la fibra viene en blanco y pasa por un proceso de tinturado, una parte es utilizada para hacer las shigras y otra parte para los zapatos, asegura que todo es hecho a mano mientras que el cuero es prefabricado y fabricado.

Los zapatos confeccionados cuestan al por mayor 23 dólares y por unidad 25 dólares. Todo el proceso dura una semana. En su parroquia son 38 comunidades que equivalen a 700 mujeres que trabajan en esta actividad.

Carolina López, compradora, le gusta utilizar todo tipo de artesanía, pues su atuendo lo afirma, consigo lleva collares de semillas traídas del oriente, la blusa confeccionada por las mujeres de Otavalo y el pantalón y sus zapatos son de Cotopaxi. “Creo que nosotros debemos apoyar los diferentes emprendimientos porque detrás de ellos hay una familia”, López es una turista que llegaba de visita a la ciudad de Latacunga “es bonito llevarse los recuerdos de las ciudades que uno visita”, expresa.  (I)