Centenares de migrantes, solicitan ayuda en las calles.

Más de 600 familias de personas extranjeras estarían viviendo en la ciudad en condiciones indistintas.

Desde hace varios meses, las calles céntricas de Latacunga, tienen nuevos “huéspedes”, hombres, mujeres, ancianos, la mayoría extranjeros, que, con carteles en mano y niños en sus brazos, piden una sola cosa; un par de monedas que les ayuden a mitigar el hambre.

Se volvieron tan comunes, ahora son pocos los transeúntes que los miran, y mínimos los que llevan sus manos a bolsillos, mochilas, carteras, para prestar algo de ayuda.

“No hemos buscado esto, por desgracia, Dios sabrá por qué nos tocó”, menciona Juan, un venezolano de 29 años, que hace más de seis meses, se aventuró a aquello que en su país se volvió cotidiano: huir.

Lo hacen para buscar días mejores, con la esperanza que, en tierras lejanas, el sol brille un poco más. Sin embargo, la realidad es a veces, aún más dura que en su país. Desde que Juan llegó, no ha podido conseguir empleo.

Cuando relata la odisea que vivió mientras cruzaba la frontera con su hijo de cuatro años y su esposa embarazada, su mirada se aleja, sus propias palabras envueltas de recuerdo y realidad, lo conmueven hasta las lágrimas.

Juan y su esposa poseen título de tercer nivel; ella es enfermera y él, comunicador social. Profesionales que ahora sobreviven de la voluntad de las personas que tuvieron una suerte distinta: vivir en un país, cuyas dificultades económicas, no caen en absoluta desgracia.

El joven extranjero, relata que su hijo nació en Latacunga, en el Hospital, donde con cariño recuerda al personal que les dio un trato digno, más de uno se compadeció de su realidad, y hubo pañales, para el bebé que ahora tiene tres meses, y ayuda para sus padres sumidos en la desesperación.

Con el pasar de los días, se les hace más utópico encontrar una forma de mantenerse. Por ahora las calles son su único albergue.

Romel Alarcón, de la fundación Caritas, dio a conocer que se trabajó en el levantamiento de información y se detectó que en la ciudad se concentran alrededor de 600 familias en distintas circunstancias.

El levantamiento de información se realiza para que la Misión Escalabriniana, pueda conocer la realidad de las personas que están en situación de desamparo y más adelante puedan trabajar en proyectos de ayuda social.

La Misión Escalabriniana busca mejorar las condiciones de vida de las familias en movilidad humana y refugio. Se trata de incentivar la cultura del auto-ahorro, el emprendimiento y el auto-empleo. (I)