Dos palabras que encierran la esencia de la forma de gobernar del correísmo que, aunque se quisiera dejarlo en el pasado, regresa como un fantasma de forma recurrente para perturbar a cualquiera.

Con autoritarismo y sobreprecio se construyeron cientos de obras a lo largo y ancho del territorio nacional y Cotopaxi no fue la excepción, ahí está el ahora denominado Centro de Privación de Libertad de Cotopaxi, una enorme cárcel impuesta con enormes problemas y falencia porque no fue concluida.

En este caso concreto, la infraestructura no cuenta con los pozos de agua que se habían planificado en un principio, lo que ha ocasionado un descalabro para el suministro de agua de la urbe que ha tenido que compartir con este monstruo el líquido que falta en muchos barrios.

Jamás se tuvo un estudio preliminar sobre el impacto que traería al medio ambiente la producción de toneladas de basura, para cuya recolección no existía una logística adecuada, así como las descargas e aguas residuales que van a parar al río Pumacunchi, uno de los afluentes principales de la urbe.

Tampoco importó al genial promotor y sus secuaces, cómo alteraría a la vida de los habitantes del sector, la presencia de un centro de esta naturaleza, no solo en el tema social y de seguridad, sino en el tema de telecomunicaciones, afectadas en los barrios colindantes, lo que ha representado más de un dolor de cabeza en época de pandemia por la falta de conectividad de los estudiantes frente a las clases virtuales.

Uno de los ofrecimientos para convencer a los incautos fue que los productores y comerciantes locales serían los que abastezcan de alimentos al centro. Pero se ha hecho más de una denuncia en  torno a que eso no se cumple.

En el ámbito nacional es de actualidad el caso crítico de la Coca Codo Sinclair que no sorprende para nada porque aquí palpamos cada día las consecuencias nefastas de la imposición en grandes obras que lejos de mejorar la vida de la comunidad la entorpecieron sin remedio.(O)