El agitador Iza no se va por las ramas: dice lo que realmente piensa, lo que en rigor aspira y anhela. Es fiel a sus tesis que constan en su libro denominado “Estallido”. La conquista del poder por cualquier medio violento, es el objetivo. Nada por la vía democrática. Lo peor de todo es que él y sus huestes no se percatan que están siendo groseramente utilizados por intereses y fuerzas aún más oscuros que buscan afanosamente desestabilizar al gobierno. Andan desesperados por recuperar el poder que hace años lo tuvieron y utilizaron con fines nada sanos, cuyos coletazos los seguimos padeciendo.

La protesta social en nuestro país -por la experiencia que hemos vivido-, siempre termina en bronca, excesos y destrucción de bienes, donde muchos desadaptados y antisociales descargan sus resentimientos y frustraciones de todo tipo. No hay cultura del reclamo sensato y argumental traducido en fundadas propuestas. Es el perfecto escenario para que los conocidos politiqueros de ínfima cuantía se infiltren para desdibujar cualquiera aspiración legítima de la gente: la meta es lograr el enfrentamiento entre ecuatorianos, con los resultados que todos de antemano conocemos. 

No es legítimo que la mayoría asuma injustamente las consecuencias del actuar de una minoría de vándalos, de bandidos, al no poder ejercer el legítimo derecho a movilizarse, estudiar y trabajar libre y dignamente. La consigna “bajarse al presidente” no es pues una propuesta sin contenido político; al contrario, es una expresión que refleja una sentida y real aspiración para lograr sus tesis de llegar al poder por la vía torcida y violenta, pues no cree en el régimen democrático. Esa es, en definitiva, la lucha que quiere librar, en la que se embarcan los conocidos y aprovechados revolucionarios de cafetín.

Le hace un flaco favor al sector que dice pertenecer -al 7% de la población-, que sin ninguna duda requiere atención en sus justas y preteridas demandas. Este sector no se da cuenta que Iza está siendo utilizado por quienes, en el gobierno de los 10 insoportables años, los maltrató, insultó y persiguió permanentemente. Si tan altivo se siente, ¿por qué no se suma al combate a la corrupción que tanto daño le causó al país? No se puede actuar así por conveniencia personal y con doble moral. Este tipo de liderazgo servil no es consustancial con el noble oficio de la real política.

Los actos violentos que se han dado en las manifestaciones últimas son consecuencia de la grosera y tenebrosa amnistía que otorgó en combo la Asamblea a delincuentes, agitadores y politiqueros, responsables del paro destructor de octubre de 2019, consagrando impunidad. Estos saben que no habrá sanción alguna por existir un malévolo precedente que, en aras de la paz social, volverán a declararla. El movimiento indígena tiene agenda propia supuestamente reivindicatoria de sus derechos y recuperación de los denominados “territorios”, en la que se embarcan los enemigos del gobierno para generar inestabilidad.

No se trata de defender al Presidente de la República en ejercicio. Se trata de defender la institucionalidad, el estado de Derecho; se trata de velar por la tranquilidad de la mayoría del pueblo ecuatoriano que ansía trabajar. Se requiere seguridad jurídica para que venga la inversión y para que el empresario privado genere empleo. Forjar una sociedad con objetivos comunes, debe ser la consigna. Ojalá una nueva generación de jóvenes políticos cambie la forma perversa de manejar la cosa pública.

Necesitamos líderes que defiendan la democracia y que su máxima aspiración no sea la de “bajarse al presidente” ¡Que ocurrencia la de don Iza!  Y lo peor es que no se da cuenta que -en el supuesto no consentido de qué, de llegarse a concretar el pretendido golpe de estado-, él no será el beneficiario del mismo. Hay que recordarle que “el orgullo de quienes no pueden edificar, es destruir” (Alejandro Dumas). (O)