Miles de artículos electrónicos se desechan anualmente.

Los aparatos electrónicos que concluyeron su vida útil no pueden ser acumulados con los desechos comunes debido a sus agentes contaminantes, aún no existen propuestas para su tratamiento previo a su destino final.

Miles de celulares, tablets, accesorios de computadoras, baterías, transistores, entre otros, se desechan mensualmente. Estos necesitan un tratamiento especial que no hay en la provincia ni en la ciudad.

Paúl Panchi, director de Gestión Ambiental de la Prefectura de Cotopaxi, explicó que la basura tecnológica es altamente contaminante, especialmente si es botada en los ríos, debido a su alto contenido de plomo y arsénico. Por ello necesitan un tratamiento especial antes de llegar a su último destino.

Las instituciones deben contar con un Plan de manejo ambiental, y con gestor acreditado por el Ministerio de Ambiente para que los desechos tecnológicos que ahí se generen reciban el tratamiento que deben seguir.

“El gestor acreditado recoge los desechos, llena un registro, que será la prueba del plan de manejo ambiental”, aseguró Panchi, quien vio como una necesidad primordial que la Empresa Pública de Aseo y Gestión Ambiental (Epagal) evolucione hasta convertirse en un gestor ambiental acreditado.

Mientras tanto, llamó a las personas a trabajar desde sus propios espacios, no mezclando la basura común con la tecnológica, para que ésta no llegue a contaminar el ambiente. Sugirió buscar empresas o puntos donde se puede canjear, donar o depositar esta basura.

Daños que la basura tecnológica causa al ambiente

Según David Orozco, médico, el plomo que contiene estos artículos, se libera en el ambiente y es absorbido por los seres vivos, daña los riñones, el cerebro y todo el sistema nervioso. También hace que disminuyan las habilidades de aprendizaje.

Orozco contó que los tableros de circuitos y ciertas baterías recargables son de cadmio, un metal pesado que puede provocar cáncer, debilidad en los huesos, daño a hígado y riñones, daño al sistema inmunitario, diarrea y hasta desórdenes psicológicos.

Elementos químicos como el mercurio estaría presente en interruptores, cubiertas, monitores y tubos fluorescentes. “Aquí el afectado directo es el sistema nervioso, irrita los ojos y provoca erupciones en la piel”.

En varias aplicaciones eléctricas y electrónicas, como en las celdas solares, se utiliza celenio. La exposición al selenio puede ocasionar pelo quebradizo, hinchazón de la piel, dolores agudos y uñas deformadas.

Al igual que Panchi, Orozco aconseja que mientras exista una política pública que permita presentar alguna alternativa con respecto al tratamiento de la basura tecnológica, es necesario que cada persona evite botar estos aparatos cuya vida útil ya concluyó.

“También debemos proponernos no seguir generando basura, eso de cambiar de celular cada seis meses, habla muy mal de nuestro compromiso con el planeta”, finalizó Orozco. (I)