Hace apenas poco más de cien días se inició un nuevo período legislativo de cuatro años con altas expectativas, luego de una salida vergonzosa de los legisladores, cuya credibilidad generosamente llegaba al 2% gracias al aporte descalificado de un gran número de sus ‘honorables’ miembros que se vieron involucrados en sonados casos de corrupción, siendo merecedores de grilletes, indagaciones previas, instrucciones fiscales, juicios y especialmente el repudio generalizado de un pueblo dolido y traicionado. Pensamos que no podíamos caer más bajo. Esa ilusión se desvanece rápidamente, ante nuevos escándalos evidenciados a la luz del día.

Irónicamente, una ‘inocente ROSA’ representante de la Amazonía, que dice no manejar bien el lenguaje castellano, ejerce el liderazgo que debe tener en su comunidad para instruir a su gente: ”Si ‘roben’, roben bien” y cierra emocionada con el estribillo tan trillado de “el pueblo unido jamás será vencido”. La algarabía que causó esta improvisada consigna en los representantes de su pueblo, causó verdadera alarma en todos los estratos ecuatorianos, que mayoritariamente han manifestado su rotundo rechazo a tamaña inducción a apropiarse de bienes ajenos, cuidando de no cometer errores que les pongan en evidencia. Luego de los consiguientes amarres auspiciados por su partido Pachakutik se cierra el caso con la irrisoria sanción mínima de ocho días sin sueldo.

No han transcurrido sino pocos días, hasta que un nuevo escándalo invade las redes sociales por obra y gracia de una BELLA, ahora bien conocida asambleísta por Guayas, que ha sido responsabilizada de gestionar cargos públicos en el Ejecutivo y Legislativo, mediando gratificaciones que superan el concepto de diezmos y ampliando el espectro hacia familiares y personajes de su confianza para ‘ocultar’ su doloso proceder. La Izquierda Democrática tuvo el desacierto, que no ha explicado hasta el momento, de postularla como miembro de su bancada, para segunda vicepresidenta de la Asamblea, en alianza legislativa con Pachakutik y Creo. Mientras el país espera una salida digna del puesto inmerecido que ejerce, y su expulsión, la audacia ha podido más y hemos visto una arremetida de la acusada contra todos sus ‘detractores’, es decir todo el país. Lo niega todo, como sabio consejo de un astuto abogado de la vieja escuela.

Mientras aparecen todos estos bochornosos líos que evidencian el cáncer de la corrupción en el segundo Poder del Estado, las fragmentadas fuerzas políticas demuestran no tener solidez ni estar en un proceso de fortalecimiento que demanda la situación del país. Detrás de las acusaciones veladas entre legisladores, observamos la intención prioritaria de ganar imagen ante los votantes, hundiendo a sus colegas, sin importar el daño que causan al pueblo que los mantiene. Parece que nadie se salva. Cabe preguntarnos entonces, si es que todos tienen rabo de paja o los intereses son tales que si no hay razón para silenciar a un legislador bien intencionado, se debe ‘montar’ lo que fuere necesario para dominarlo?  El Ecuador no puede depender de esos juegos de poder que no terminan nunca. Lo único cierto sería que sigamos como estamos, o peor. 

Son pocas las alternativas que nuestra democracia ofrece para desenredar el lío ideológico y la fragmentación que se ha causado. Los intereses de los grupos políticos están bien representados, mientras no espera más la esperanza de construir soluciones reales para un pueblo angustiado que tiene derecho a salir del estancamiento causado por una clase política que ha fracasado. La tolerancia de las mayorías puede agotarse ante cualquier gota que colme su paciencia. Si el camino escogido es el que han evidenciado en estos pocos días de adaptación, sería mejor buscar otras opciones que resuelvan el bloqueo.

¡NO DESPIERTEN AL DRAGÓN DORMIDO!