Toda la mañana Galo León fue el único en revisar textos en la Biblioteca.

Hay días que solo llegan tres personas, los 6700 libros que alberga la Biblioteca Municipal, ya casi nadie los toca.

Sentado en el costado izquierdo de la primera sala de la Biblioteca Municipal, Galo León Andrango, revisa un libro sobre los animales que habitan la selva, en un silencio casi sepulcral, de vez en cuando alza la mirada, para ver, si sigue siendo el único usuario del lugar.

Para su sorpresa, durante toda la mañana del martes 07 de enero del año en curso, él fue el único en ir a disfrutar de lo que denomina, “uno de los placeres de la vida”: La lectura.

A Galo le sorprende la situación, no se explica cómo espacios importantes que recopilan miles de textos que pueden, entretener, divertir, ilustrar, informar, estén desolados en una ciudad llena de Patrimonio.

Su sorpresa nace de la comparación, pues en su tierra natal, Quito, las bibliotecas, especialmente las del Centro Histórico, están abarrotadas a todas horas del día. A sus 66 años, logra comprender el impacto de la tecnología en la vida de las personas y de los estudiantes, sin embargo, no le parece una excusa para perder completamente el contacto con los libros, “puede ser que en internet haya todo, pero no hay nada como el aroma de un buen libro”, dijo el quiteño, a quien le fascina los textos de historia.

Su estadía en Latacunga es de cortos periodos, cuando hace visita a su hijo, pasa unos meses y volverá a Quito, con los sentimientos encontrados, “las Bibliotecas de Latacunga son hermosas, pero vacías”.

De acuerdo a Beatriz Fonseca, encargada de la Biblioteca Municipal, hay días que solo llegan 3 usuarios en toda la jornada, a veces se llega a las cifras récord de 25 usuarios. Ven con buenos ojos, que en algunas instituciones educativas se incentive a los padres o se pone de tarea para que acompañen a sus hijos a las Bibliotecas hacer consulta.

Fonseca cuenta que son muy pocos los lectores habituales, incluso se sabe sus nombres y los textos que prefieren. Recuerda cómo se desvanecen en el pasado la imagen de bibliotecas abarrotadas de estudiantes en búsqueda de conocimiento.

Sin embargo, considera que no todo está perdido, dice que hay que reforzar la magia de la lectura desde el núcleo familiar y las instituciones educativas.

“Aquí tenemos 6700 libros esperando contar muchas cosas”, añade como una invitación abierta a todos aquellos que gustan o que están perdiendo el gusto por una de las actividades más enriquecedoras.

Fonseca menciona que inculcar el beneplácito de la lectura es una tarea que debe empezarse desde la niñez, en la Biblioteca Municipal hay varios cuentos ilustrados, que ella, personalmente se encarga de mostrar a los más pequeñitos, despertando en ellos curiosidad. (I)