Si algo es muy común en esta ciudad, eso es la cantidad de promesas que se hace y luego se incumplen. La administración de la urbe se ha caracterizado por la ineficiencia y las mentiras; no han faltado los trenes bala, parques de la familia, camales y un sin fin de propuestas llevadas por el viento.
Lo único cierto es que nos encontramos en una de las provincias más productivas del país, pero que lastimosamente los beneficios y la riqueza que ofrece, se lo llevan gente de otras partes, gente que sabe realmente el valor que tiene; pero que sus propios hijos, se niegan a ver, por comodidad y quizá por ignorancia.
Mientras Latacunga siga viviendo de promesas incumplidas y mentiras, jamás será beneficiaria de su riqueza.
La práctica más antigua en nuestro medio es que los administradores de turno únicamente trabajen para su ayuda personal y luego salgan corriendo, cuestionados hasta el cuello; para más que adelante las autoridades de control inexplicablemente, jamás encuentran mayor novedad.(O)