Elevar las defensas con las bondades naturales de algunas plantas, se volvió común

Laura Toro tiene 38 años, es madre de tres niños y vive en la parte urbana de Latacunga, desde siempre en su hogar no contaba con hierbas aromáticas ni medicinales, pues las consideraba innecesarias, siempre optó por recurrir a la medicina científica en caso de enfermedades o dolencias de ella o su familia.

Sin embrago, desde que la pandemia llegó al país y ciudad, Laura optó por utilizar plantas medicinales como prevención; cuenta con jengibre  y uña de gato, “hacemos infusiones diarias, con buenos resultados, antes con estas bajas temperaturas, ya todos padecíamos de gripe común; pero ahora estamos bien”, contó. El objetivo fundamental de su consumo es fortalecer su sistema inmune para no contagiarse fácilmente de coronavirus.

De acuerdo a Gonzalo Espín, presidente del GAD parroquial de Poaló, y conocedor de medicina ancestral, dentro de las comunidades se recobró el valor de las plantas medicinales, que de a poco se iban olvidando.

Actualmente los moradores de estos sectores, están consumiendo nuevamente, plantas beneficiosas para el sistema inmune, “respetamos la medicina occidental, pero creemos que no podemos olvidar los beneficios que nos ofrece la madre tierra”.

Al respecto Jorge Proaño, principal del Distrito de Salud Latacunga, explicó que se realizaron estudios científicos de algunas plantas consideradas medicinales sí lo son, y tienen pueden ser utilizadas como: manzanilla, orégano entre otras.

Pero aún no se realiza un estudio amplio para conocer los beneficios de todas, debido a ello la medicina ancestral debe ser supervisada por la medicina científica, para que esta última pueda intervenir en caso de ser necesario, como ocurre en los partos ancestrales que se realizan respetando los rituales de las comunidades indígenas, pero que cuentan con la presencia de personal médico.