A pocos días de la contienda electoral, en la zona urbana muy poco se oye de los candidatos. Andamos calladitos. Pareciera que nos da miedo abrir la boca. Nosotros, los ciudadanos, no hemos hecho crítica y cuando se nos consulta sobre nuestro favorito, apenas decimos que estamos pensando. En este momento, cuando debería ser el inicio de la temporada fuerte de campaña, nuestras conversaciones se derivan a cualquier cosa y evitamos hablar de política.
Este silencio nos vuelve mediocres, cómplices, cómodos. Nosotros nos abstenemos de dar nuestras ideas, y miramos enmudecidos todo lo que están haciendo con nuestra ciudad. Y, cuando todo va mal, nos hacemos los locos, como si no fuere nuestra culpa.
Tenemos un motivo para dejar de estar callados: para no seguir perdiendo.
¡Hemos estado callados mucho tiempo! Y miren lo que hemos conseguido: una ciudad desordenada, saqueada, sin rumbo. Es urgente, sobre todo en el poco tiempo que nos queda antes de elegir nuevos administradores, que interroguemos a los candidatos sin piedad. Tenemos que evidenciar sus falencias, y descubrir sus ineptitudes. Hay que hacer escarnio público de su ignorancia y su astucia rancia y oportunista. Es igual de importante, si es que lo hay, mostrar y difundir las bondades de un plan de trabajo bien organizado, de la honestidad y buenas credenciales de algún candidato.
Nosotros no podemos seguir calladitos. Ya nos han engañado lo suficiente, y hemos dejado pasar. ¿A qué le tenemos miedo? Yo nunca he visto represalias por evidenciar la verdad, por decir lo que todo el mundo sabe y calla. ¿O es que todos estamos como algunos perros de campaña, callados aguantando abusos en la esperanza de, algún día, conseguir el favor del administrador?
Si, puede ser verdad que es riesgoso decirle corrupto al corrupto cuando no se tiene pruebas. Pero eso no quiere decir que no podamos preguntarle al candidato, por ejemplo, cuánto va a costar su proyecto de gobierno, de dónde piensa sacar la plata, quiénes van a ser sus directores y jefes cuando lleguen al municipio, quiénes serán sus asesores e, incluso, quiénes financian su campaña. Pregunten nomás, que preguntar no es delito. Pero oblíguenles a responder.
Si tenemos algún candidato de nuestra predilección, debemos enterarnos bien de sus planes, compartirlos y escuchar las opiniones en contra. Posiblemente cambiemos de opinión, o logremos un voto más para alguien que verdaderamente valga la pena. No importa cuál sea el resultado de nuestra discusión, pero no discutir es lo peor que podemos hacer. Evitar la charla política, como si no nos incumbiera es un error nefasto. Por supuesto que nos incumbe. En una semana decidiremos nuestro destino como colectividad, como sociedad y como razón de existir como ente social.
No decida callado vecino. Hable mucho, escuche mucho. Convenza y déjese convencer. Mantenga la mente abierta, pero los sentidos alertas. Analice todas las opciones y hable; por favor, hable. Si los ciudadanos no estamos comunicados entre nosotros seremos presas de nuestra propia ignorancia o fe ciega. Las ideas deben ser compartidas, discutidas, puestas en duda. Si no se hace así, toda elección es equivocada. Más aún con la enorme cantidad de candidatos que tenemos en el menú.
Y recuerde que poner un comentario en una red social no es comunicarse: se necesita discutir, crear un debate entre amigos y buscar las fallas de las ofertas de campaña, así como justificar racionalmente los aspectos buenos que pueda tener alguna propuesta. Solo así podremos decidir.(O)