El modelo de desarrollo que elige un país, determina su visión de mediano y largo plazo. Ecuador tomó una decisión trascendental al dolarizar su economía, lo cual nos da un “piso firme” que no permite ocultar las debilidades que tenemos, con devaluaciones, frente a economías más desarrolladas que compiten en mercados globales. Veinte años más tarde, estamos desorientados luego de una década perdida experimentando un modelo “político” que impuso medidas aisladas en lo económico, basado en la imposición de impuestos al consumidor y endeudamiento interno y externo agresivo, que se pagará con más impuestos.
Ante la imposibilidad de mantener el modelo de crecimiento “hacia adentro” poniendo barreras arancelarias para aislarnos del mundo, limitando las importaciones, y por consecuencia las exportaciones, habiendo agotado los recursos que financian el crecimiento esperado por todos, se ha volteado la mirada al sector privado, con la esperanza de obtener las inversiones que generen el empleo para más del 60% de la población en edad de trabajar. Todo parece hacer lógica. Lamentablemente, no es suficiente abandonar el modelo obsoleto y esperar cambios de un día para el otro.
La inversión extranjera, vendrá en la medida que existan las condiciones atractivas en comparación de muchos otros destinos alternativos que existen en el mundo. Esta competencia es real y nuestro país aún no consta entre los más atractivos. Mientras no logremos reubicarnos en un sitial más alto, podremos pasar desapercibidos por muchos años. Un tema trascendental que debemos resolver, es la definición de un modelo de desarrollo sostenible a mediano y largo plazo, que se establezca como POLÍTICA DE ESTADO. Es decir, debe sobrevivir a cualquier gobierno que asuma el control del Poder Ejecutivo y Legislativo.
Barajando opciones y mirando los modelos económicos de nuestra región y del mundo, podemos evidenciar que el modelo más exitoso es aquel de CRECIMIENTO HACIA AFUERA. Esto implica abrir la economía al mundo para ofrecer los bienes y servicios a mercados mucho más grandes, a cambio de lo cual esos países también demandarán acceso a nuestro pequeño mercado para bienes y servicios que sean su fortaleza. El intercambio debe apuntar hacia una balanza positiva para nuestro país, exportando más de lo que importemos y protegiendo los sectores más sensibles, con mecanismos que normalmente contemplan estos acuerdos.
Los logros que han obtenido varios sectores exportadores, demuestran el potencial que tenemos para competir en Europa, Estados Unidos, Canadá, países orientales y muchos más. Este crecimiento se ha logrado en ausencia de acuerdos que garanticen el acceso a esos mercados foráneos. ¿Qué podría lograrse si conseguimos garantías para exportar sin cargas arancelarias en el largo plazo? La apertura de esos mercados atraería inversión extranjera que potencie recursos naturales, humanos, geográficos y demás, creando fuentes de empleo sostenibles en el tiempo. Los pocos acuerdos de intercambio y complementación que se han suscrito, demuestran las bondades de competir en países con alto poder adquisitivo y la gran aceptación lograda en base de calidad y precio, a pesar de sufrir internamente de un encarecimiento de la producción debido al modelo impositivo que feneció luego de una década de fracasos.
En conclusión, para salir del estancamiento que nos mantiene atados al pasado que nadie quiere que vuelva, debemos tomar decisiones trascendentales como la dolarización. Definir el modelo económico antes de caer en un cambio de rumbo improvisado, con motivo de las elecciones que se acercan, es una tarea impostergable “para la población ecuatoriana”. No es posible que la clase política defina estos temas por su sola voluntad, pues el costo político que tienen las medidas profundas, los atemoriza y bloquea se capacidad de resolver. ¡OPTEMOS POR UN MODELO SOSTENIBLE DE APERTURA!(O)