Hace veinticinco años, el presidente Sixto Durán Ballén terminaba su mandato para el que fuera elegido con el economista Alberto Dahik, quien lideraba el equipo económico que puso en vigencia un modelo de “crecimiento hacia afuera” fortaleciendo las exportaciones, atrayendo inversión privada, simplificando trámites burocráticos, racionalizando el gasto público, facilitando la concesión de servicios públicos, poniendo orden en las finanzas públicas, despolitizando las decisiones administrativas importantes, tolerando la oposición legislativa, es decir poniendo en práctica la convivencia democrática, sin exclusiones ni discriminaciones. Es relevante analizar que apenas estos cuatro años, vivimos un esfuerzo sostenido por corregir el rumbo de nuestra economía, cuyos frutos se cosecharon en corto plazo, pues el Producto Interno Bruto se duplicó, elevando el nivel de vida de los ecuatorianos.

A partir de ese período, ha imperado el populismo, presente con varias caretas, cada una adecuada a la moda electoral de la región y del mundo. Tuvimos por candidatos a locos, golpistas, aventureros, artistas, deportistas y personajes que sin cumplir requisito alguno, accedieron al balcón de Velasco Ibarra para buscar el favor del voto popular. Lo peor es que varios de estos audaces lo lograron, para sorpresa propia. Como consecuencia, el manejo del Estado fue calamitoso. Varios de esos experimentos fallaron en el intento. Estos procesos fallidos causaron inestabilidad política y social. Lo uno llevaba a lo otro y el país marchó de tumbo en tumbo, aterrizando en una improvisada dolarización que pretendía salvar la cabeza del incapaz de turno que gobernaba en medio de una caos financiero.   

De pronto, emergió desde el anonimato un personaje escogido por Hugo Chávez y sus compinches para infiltrar el SS XXI en Ecuador. Con la biblia política forjada en Sao Paulo, inició la siniestra cruzada para aplicar las estrategias populistas y acceder al poder “con las justas” gracias a un candidato inepto para hacerle frente. Jamás hubiera alguien imaginado que estábamos a puertas de la mayor bonanza petrolera de la historia. Así gobernó RC por diez eternos años, sin que JAMÁS se haya definido el modelo económico que se pretendía imponer. Se trató de un modelo político perverso que buscaba dividir para reinar, avivando los resentimientos sociales y ofreciendo resolver todos los males del pasado, de la mano de un Estado paternalista que derrochaba dinero propio y prestado por todos los rincones de la Patria.

Esta historia de improvisación terminó el 11 de abril pasado. Ni todas las corrientes populistas juntas, pudieron impedir que el pueblo decida corregir el rumbo de su historia. Llegó el día en que nos revelamos a vivir engañados por delincuentes apoderados del poder, para beneficio propio. Al menos una tercera parte de los escasos recursos del pueblo se desvió hacia los bolsillos ardientes, se malgastaron en obras innecesarias, satisficieron apetitos banales, se dilapidaron en actividades impropias para el Estado o simplemente financiaron ineficientes aventuras faraónicas que postergaron la solución de problemas de salud, educación, alimentación y seguridad.

Pero toda esa historia de caminar sin rumbo cierto, sin aprovechar las bondades de la dolarización y los recursos petroleros por los últimos 49 años, ha llegado a su fin. Bajo el liderazgo del presidente Guillermo Lasso, se inaugura un nuevo modelo de desarrollo que buscará destinar los recursos económicos a satisfacer las necesidades fundamentales de la población, frenar la corrupción transparentando la gestión pública, tecnificar la toma de decisiones y despolitizar la solución de grandes problemas acumulados en décadas de incapacidad. Vamos a descubrir que sí existen otras maneras de construir un país competitivo, productivo, innovador y emprendedor que nos libere de la postración y abra oportunidades sostenibles y sustentables para todos.

¡ECUADOR SÍ ES VIABLE! (O)