Todos los partidos y movimientos políticos legalmente reconocidos por el Estado ecuatoriano, de conformidad con las reformas al Código de la Democracia, deberán tomar en cuenta los plazos señalados para que en el ámbito interno de cada organización política lleven adelante los procesos democráticos de designación de sus candidatos, todo esto  de conformidad a los plazos establecidos -cronograma tentativo hecho público por el Consejo Nacional Electoral-, es decir, todos los partidos y movimientos políticos que vayan a participar en los comicios generales  del próximo año 2021, deberán definir sus cuadros de candidatos postulantes entre el 2 y el 26 de septiembre de 2020.

Todos los ecuatorianos somos testigos -al momento- del adelantado trabajo que vienen desarrollando varios movimientos y partidos políticos tratando de enrolar en sus filas a ciudadanos hombres y mujeres que puedan en representación de sus organizaciones terciar en las próximas elecciones legislativas. Lo que -lamentablemente- interesa a la dirigencia de estas organizaciones políticas es que la persona escogida sea bastante conocida en el territorio de representación, aun cuando no esté preparada para desempeñar ese cargo de representación popular, mucho más grave se deja de lado a ciudadanos militantes que tienen o han participado de procesos de formación dentro de las organizaciones políticas.

Lo ideal sería que los candidatos cumplan requisitos mínimos, las redes sociales diariamente se llenan con pronunciamientos sobre este tema, quienes son especialistas en esta materia no se atreven a señalar públicamente o por lo menos sugerir, cuáles serían las características que deberían tener los postulantes, se suman peligrosamente a este sombrío panorama las nuevas generaciones de votantes -jóvenes- a quienes no les interesa inmiscuirse en estos temas, aún a sabiendas de los riesgos que se corre y la afectación de carácter general para la sociedad por esa falta de interés.

Cierto es que no existe una fórmula que permita encontrar candidatos que cumplan exactamente con los ideales de los electores, mucho más en sociedades cambiantes como la nuestra, mucho más -reitero- con un electorado mayoritariamente apático, quemeimportista, frío y al cual los movimientos y partidos políticos no alcanzan a conquistar, sin duda este constituye uno de los retos importantes que tienen las organizaciones políticas en el país, caso contrario seguiremos con un Parlamento que no  representa el interés general de los ecuatorianos y que -al contrario- nos avergüenza.

Los partidos y movimientos políticos tienen militantes y adherentes, ellos son los que tienen que estar políticamente formados, una vez cumplido este requisito con el auspicio de estas organizaciones deben surgir a la palestra pública, es decir, deben ser producto de un proceso que en general debe nacer de las bases del partido o movimiento y responder a un proyecto político estructurado en la organización  y que debe tener una agenda de propuestas para conocimiento, estudio y análisis de los electores. Esto que opino  -entiendo-,  es lo ideal y el camino más serio en búsqueda de un cambio en la forma de hacer política en el país. El poder tener este tipo de candidatos preparados y construidos para legislar o administrar el Estado ecuatoriano es el camino más certero y debería ser el común denominador, pero debo reconocer es cada vez lo menos común, la gran mayoría de candidatos planteará agendas coyunturales  que respondan a situaciones de momento, que aparecerán como la gran solución a los graves problemas nacionales en lo económico, social y político.

Lo que está más claro es que para elegir presidente-vicepresidente de la República al momento demuestra una dispersión que llega al asombro, existen al momento -por lo menos- una decena  de precandidatos, muchos de ellos actores políticos conocidos y otros que han aparecido en situaciones de reclamación social que pueden haber tenido razón de ser, aun cuando la forma y fondo de ejecutarla dividió gravemente a la población.

Sin duda que el marketíng y las  inversiones económicas -en las diversas formas en que aparezcan- jugarán un papel esencial en nuestra precaria democracia. Los jóvenes, que al parecer no se encuentran debidamente representados, buscarán desde su visión los candidatos que más se acerquen a sus requerimientos, que no tienen penosamente nada que ver directamente con una visión de presente y futuro del Ecuador. (O)