Al contrario de lo que se pueda pensar, la democracia sufre cuando hay muchos partidos y/o muchos candidatos.
La idea de la contienda electoral, en una democracia saludable, es que líderes ya identificados y apoyados por sectores sociales, se presenten contra otros líderes de similares características, a fin de que todos podamos escoger al mejor. Pero lo que sucede en nuestro sistema electoral es completamente diferente. Los partidos políticos no representan tendencias sociales, ni ideologías estáticas. De hecho, ya no representan nada.
Un partido político, en Ecuador, es solo un requisito que se debe cumplir para poder registrar una candidatura. Tampoco es que ejerzan una verdadera democracia interna y, en muchos de los casos, estas asociaciones tienen dueños. Así es: para candidatizarse hay que caerle bien al dueño del partido, y tener algo de dinero para apoyar el esfuerzo de campaña.
Cuando hay pocos movimientos políticos, la pelea es más fuerte, así que las agrupaciones electorales tienen que buscar candidatos verdaderamente valiosos, que sepan llevar un mensaje, que sean conocidos de la gente y que hayan trazado un camino claro. Obviamente buscarán personajes limpios, que puedan dar un discurso de honestidad sin máscaras.
Cuando hay pocos partidos, los candidatos tienden a ser de mejor calidad. Pero con el sistema actual, mis amigotes del vóley pueden hacerse un partido o movimiento y proponerse para cualquier dignidad. Lo mas seguro es que no ganen la contienda electoral, pero solo por el hecho de ser candidatos obtienen algunas ventajas judiciales que pueden servir para ganarle tiempo a los problemas que puedan tener. Además, reciben dinero para la campaña, que realmente no usan y que, con una hábil contabilidad, les acaba beneficiando. Y, para rematar, como son bien amigueros, si han de tener algunos votos, mismos que podrían haber beneficiado a un verdadero líder.
En Cotopaxi hay tres grupos principales que observar: el ala indigenista que siempre ha tenido una votación significativa; el ala gobiernista que está obligada a sorprendernos con nuevos lideratos; y, todos los demás, de entre los cuáles saca la cabeza la socialdemocracia que en las anteriores elecciones sorprendió con un Asambleísta y que también está obligada a demostrar que no son gallo de un solo hervor y que pueden sostener un proceso de renovación de largo plazo.
Los indigenistas suelen ser muy cerrados en sus filas, y para ingresar hay que tener maña. Normalmente no nos han mostrado talentos nuevos en los últimos años, más allá de ilustres desconocidos que llegan a los cargos por arrastre y que, al final de su período, siguen siendo ilustres desconocidos. Pero esta vez necesitan nuevos líderes para pasar la bandera, pues los líderes actuales posiblemente estén llegando a sus últimas elecciones y no hay herederos. Además, y luego de los eventos delictivos de octubre de 2019, esta facción política debe reconciliarse con el pueblo mestizo y mostrar una cara más multicultural, propositiva y pacífica.
Los gobiernistas deberán llegar más a la gente y abrir sus filas. Posiblemente sea aquí donde veamos más rostros nuevos. Es obvio: una gran cantidad de profesionales jóvenes trabajaron en el aparato público en época del correato, y la necesidad de desmarcarse de ello obliga a buscar rostros muy nuevos. Pero el riesgo es grande: si son demasiado nuevos y no se identifica un liderato claro, el plan puede fallar.
De otro lado, la socialdemocracia ha hecho un esfuerzo enorme por no desaparecer en nuestra provincia, logrando restablecer una estructura y haciendo llegar a un cotopaxense a la Asamblea. Muy meritorio, pero justamente los eventos que se acontecen en esa Asamblea son los que pueden llegar a perjudicar la imagen política del partido. Por eso, también necesitan caras nuevas pero no tanto, porque aquí el trabajo es mostrar confianza, no solo juventud.
Todos los demás partidos y movimientos, si quieren llegar a algo, deberán agruparse entre ellos o aliarse a alguien. Aquí estaremos atentos, porque perros, gatos y ratones podrían tratar de comer del mismo plato. (O)