La economía mundial ha empezado a dar señales de reactivación, lo cual es alentador, sin perjuicio de mantener los ojos en las nuevas variantes del letal virus, que a decir de los científicos, es más contagioso, aunque menos virulento. La efectividad de las vacunas existentes está en observación y esperamos con ansiedad nos confirmen si estamos inmunizados para dichas nuevas cepas o requerimos otra vacuna que aún se encuentra en investigación. Por tanto, seguiremos buscando la reactivación económica sin bajar la guardia para no permitir una nueva oleada de contagios con la indeseable saturación de los sistemas de atención a la salud.

La reactivación económica global involucra un aumento acelerado de la demanda de “commodities” como petróleo, maíz, trigo, alimentos básicos y muchas materias primas que sirven para elaborar productos demandados por el mundo. Es ahí donde ha surgido un problema de tipo logístico que repercutirá por buen tiempo en el costo y tiempos de abastecimiento. La presencia de la Covid-19 ha causado retrasos en el desembarque de importaciones en los más importantes puertos marítimos del mundo, especialmente China, Rusia e India. Como consecuencia, los buques cargueros están en espera de ser descargados, debido a los horarios y personal restringidos que se han impuesto como medidas de seguridad, creando además una insuficiencia de contenedores que es palpable en todos los puertos del mundo.

Derivado de esta crisis logística, los costos de transporte marítimo se han disparado en hasta cinco veces, encareciendo los productos transportados, que termina pagando el consumidor. Este impacto varía en función del valor de los bienes transportados, siendo mayor el efecto en relación inversa a su valor. Por estas razones, el encarecimiento de bienes alimenticios básicos es mayor que en productos de alto valor, como electrónicos. Podemos advertir una brusca elevación de precios de productos de primera necesidad como trigo, sin que sea posible contrarrestar el efecto de encarecimiento de los productos derivados, como el pan.

Por otro lado, la mayor demanda mundial de petróleo presiona los precios del crudo a niveles superiores a $80 por barril de referencia WTI, lo que a su vez eleva los costos de los subproductos como fertilizantes, aceites y lubricantes, diésel, gas, gasolinas. Por lo cual, no es posible detener esos aumentos y tampoco establecer máximos que pueden alcanzar. Naturalmente, los gobiernos locales no tienen injerencia directa alguna en detener la elevación indeseable, aunque sentirán el impacto directo en el encarecimiento de los bienes de primera necesidad.

Contrariamente, al interior del país se ajustan los precios de productos de primera necesidad hacia la baja, como resultado de una oferta creciente frente a una demanda estática o descendiente. No existe planificación alguna para producir en función de la demanda, generando una sobre oferta de productos que presionan los precios a la baja. Tampoco son elementos bajo responsabilidad del gobierno central, aunque  repercuten en su imagen política, recibiendo las protestas de productores que no pueden colocar el fruto de su trabajo en condiciones de precios razonables.

En resumen, estamos a puertas de un crecimiento económico deseado, que vendrá con encarecimiento ineludible de productos básicos. Los sectores productivos deben tomar precauciones incrementando la oferta de aquellos que tienden a escasear, y limitar la producción de aquellos que están abastecidos, derivando los esfuerzos hacia nuevos productos, preferentemente exportables, donde exista alta demanda y precios justos. Lo contrario, mantendrá las condiciones de precios bajos con perjuicio para el sacrificado productor y el círculo vicioso se mantendrá inalterado, manteniendo las condiciones de pobreza, como ha ocurrido por décadas. La apertura del país al mundo abre enormes posibilidades de cambiar el futuro para siempre.

¡FELIZ NAVIDAD PARA LOS COTOPAXENSES!