Ciudadano JGE:
Le dirijo esta misiva en respuesta a su manuscrito dirigido a “los ciudadanos del mundo”, por lo que me siento aludido. Por razones de su seguridad, le identifico en forma tal que solamente usted y yo, sabemos quién somos. Tengo la confianza que los privilegios que ostenta le permitirán leer estas líneas sin censura previa.
Presumo que en su “grito al mundo”, como un autoproclamado “preso político”, usted personifica a los más de cinco mil seres humanos que cohabitan con usted, en una de las obras faraónicas impuestas al pueblo ecuatoriano, que motivaron millonarias propinas a los coidearios del régimen que por diez años desgobernó mi país. Estoy seguro que su lamento refleja la injusticia que, desde el otro lado del muro, usted puede ahora entender. No me cabe duda que sus palabras encierran la angustia y desesperanza que sufren pueblos hermanos, bajo el mismo estilo de régimen del cual usted deviene. Imagino que, por resguardar la seguridad de decenas de miles de hermanos venezolanos, nicaragüenses, hondureños y colombianos, usted quiere encarnar la persecución política, fascista y genocida que ha marcado con sangre y corrupción este milenio.
La judicialización de la política que usted alerta, debe ser fruto de la politización de la justicia, fraguada desde el Foro de Sao Paulo en un intento de reciclaje del comunismo fracasado del siglo XX, enlatado bajo la etiqueta del socialismo del siglo XXI, para tomar el poder por asalto desde las urnas y ostentarlo por cien años. ¿Ha tocado usted el fondo del saco de la justicia en donde metió la mano su mentor, líder y protector, y que nunca la ha sacado? Estoy de acuerdo que las dos formas de intromisión en la justicia deben considerarse delitos de lesa humanidad.
Su clamor a juristas del mundo para que revisen el caso de compañeritos que son objeto de una carnicería política, sin duda debe referirse a los miles de ecuatorianos atropellados en sus derechos, en el avance siniestro que no respetó familias, sociedad, valores, privacidad, ni nada que se oponía a la ambición desmedida e irracional de un grupillo de audaces que soñaron en utilizar la espada de Bolívar para falsear las arcas públicas.
Seguramente, usted piensa en la injusticia que siente al pagar prisión por delitos inducidos, concebidos, planificados y ordenados por mentes diabólicas que seguirán libres, amasando sus fortunas en la prisión de sus conciencias y el desprecio de la humanidad. Mientras enfermos mueren por falta de atención, en infraestructuras hospitalarias que deslumbran por fuera y carecen de recursos humanos, técnicos y medicinas.
Su huelga de hambre, debe haber sido declarada en solidaridad con aquellos cuya hambre la declaró la ambición de poder que lacera la conciencia humana latinoamericana. Debe ser en protesta por la actitud genocida de los gobiernos que viven en opulencia mientras le niegan el derecho a la vida, a la alimentación, al trabajo, a la educación, a la seguridad y a la atención médica a sus conciudadanos, a quienes se les ha impuesto un rol de esclavitud política y doctrinaria.
Si no he equivocado mis apreciaciones, pensaría que usted ha destapado al mundo un secreto a voces sobre el atropello de los derechos humanos que se han cometido, desde el poder, bajo el pretexto de una revolución, que lo único que liberó es grandes fortunas y atentó contra la esencia de la sociedad ecuatoriana. Su lamento por el dolor causado a las familias de los perseguidos es entendible y encomiable.
Termino haciendo votos porque se haga justicia al pueblo ecuatoriano, como usted lo insinúa con un silencio a gritos. ¡No entiendo bien a qué causas, por las que vale morir, se refiere!(O)

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