Se le dice cepillo a quien sin mérito intelectual o laboral adquiere privilegios en base a regalos, favores y un sinnúmero de apelativos exagerados para con su superior.
En definitiva, son aquellos individuos cuya capacidad y voluntad para trabajar es limitada, y en lugar de ello invierten toda su energía y entusiasmo para subir el ego de su jefe.
Por desgracia, tanto en instituciones privadas y principalmente públicas se evidencia la presencia de los cepillos. Como consecuencia: muchos de los procesos se interrumpen y en el mejor de los casos si se llega a hacerlos es a medias o mal.
Actúan como infiltrados del lugar de trabajo, espían y transmiten la información de sus compañeros; muchas de las veces con una buena dosis de mentira y exageración. ¿Su intención?… Que ante el jefe todos queden mal, a excepción de ellos mismos.
En el medio, son ignorados y su actitud es rechazada y criticada por sus compañeros, mientras que para sus jefes son herramientas y valiosas fuentes de información. Para ellos son considerados como ‘personal de confianza’, ya que son quienes socapan sus ilegalidades, sus secretos y hasta sus vicios. Gracias a ello, los cepillos gozan de ciertos privilegios: comparten las reuniones, el círculo social y en ocasiones hasta las copas con el jefe…
Sin duda, estos individuos atentan contra el sentido de amistad, lealtad y en ocasiones hasta su propia autoestima con el afán de llegar a una posición que en situaciones normales resultaría imposible alcanzar.
La parte alentadora es que toda historia tiene un final, y en el caso de los cepillos no necesariamente tiene que ser feliz. El medio en el que se desenvuelven y las artimañas que utilizan no son las más correctas y tarde o temprano son remplazados o a su vez puestos en evidencia por su falta de trabajo que resulta un riesgo protegerlos. Al final terminan solos, sin privilegios y reemplazados por nuevos cepillos.(O)

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