Por fin nos acercamos al inicio de un nuevo año. Ha sido, sin lugar a dudas, un azaroso año que jamás imaginamos, cuyo evento más trascendental fuera la invasión del planeta por un invisible virus sobre el cual poco o nada se conocía. Increíblemente, declaró la guerra a muerte a todas las naciones, ricas y pobres, de toda tendencia política y puso a prueba la capacidad de reacción de gobernantes y gobernados. Hemos visto la verdadera capacidad de quienes ejercen el poder, sea por la vía democrática o por imposición dictatorial. Muchos esfuerzos para ocultar la realidad, buscando siempre evadir sus responsabilidades, para precautelar su imagen personal, que es lo más preciado.

De la mano con esta amenaza tan poderosa, hemos caminado cuesta abajo en lo económico, enfrentando una crisis aguda que no termina de encontrar fondo. El sector público, que ha sido el motor del crecimiento en los últimos 13 años, conforme el modelo político experimental impuesto por los “Socialistas del Siglo XXI” en toda la región, se quedó sin combustible. Ahora busca tapar el gran agujero que tienen sus escuálidas finanzas por medio de endeudamiento e incremento de impuestos que pagará el pueblo empobrecido. El Estado solo quebrará cuando se agoten los recursos que pueda obtener del sector privado. Mientras tanto, se impondrán el despilfarro y el gobierno clientelar.

La vida está llena de incertidumbre. No es un camino de rosas. Debemos esperar altibajos, sin saber cuándo vendrá el bajón y por cuánto tiempo. Para enfrentar esta suerte de “montaña rusa” que puede ser la vida, debemos tener una estrategia para blindarnos contra los efectos negativos que pueden debilitarnos y restarnos las ganas de salir adelante. Esto requiere que vayamos “cerrando círculos” en todas las etapas importantes de nuestra existencia. Llega el momento en que debemos pasar la página y cerrar la etapa cumplida, para no aferrarnos al pasado, reviviendo día tras día las angustias que nos hubieran producido. Lo pasado ya es historia y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. El futuro es NUESTRO y hay mucho que podemos hacer para alcanzar los objetivos que nos propongamos.

Cada uno de nosotros tenemos marcadas experiencias vividas en el año que termina, muchas de las cuales serán dolorosas y no necesitamos conservar. Este es el momento de cerrar ese círculo de vida, atesorando los mejores recuerdos y descartando todo lo demás. Hagamos un examen de lo mejor que hemos vivido. Pongamos en el cofre íntimo de los recuerdos aquello que nos enriquecerá espiritualmente. Cerremos el círculo haciendo una “quema simbólica” de todo lo que no debemos conservar, para lograr la liberación y elevar nuestro espíritu, que mucha falta nos hará para enfrentar los retos que nos esperan.

Al iniciar una nueva etapa, un nuevo círculo, necesitamos armarnos de lo mejor que Dios nos ha dado, reprogramarnos anímicamente, renovar la confianza en nuestras capacidades, por pocas que fueran y fijarnos metas alcanzables con moderado esfuerzo para caminar por la vida a paso de vencedores, con la confianza de que podremos alcanzarlas. Nuestros seres queridos están a bordo de la misma barca y esperan que tengamos la capacidad de liderar esa travesía por mares aún turbulentos, buscando la fortaleza en la unión férrea del círculo familiar, que hemos descubierto como nuestra verdadera riqueza. Estamos los que sobrevivimos. Aquellos que perdimos en el camino, vivirán en nuestro baúl de recuerdos pero no podemos vivir aferrados al dolor de su partida. Esos círculos deben ser cerrados para abrir nuevos. Miremos hacia adelante en busca de las oportunidades que se confunden en un escenario incierto. Así es la vida.

¡ADIÓS AL PASADO! (O)