El Consejo Nacional Electoral ha marcado el inicio del proceso para elegir autoridades seccionales en febrero 2023. Por tanto, podemos esperar el aparecimiento de “salvadores de la Patria chica” con rostros maquillados, sonrisas renovadas, miradas cautivadoras, brazos abiertos para todos, mascotas a la mano, ropita modernizada, lenguaje amigable, promesas ilimitadas, risas y gestos cautivadores, todo fríamente calculado por asesores políticos debidamente pagados para alcanzar el ansiado puestito.
Han transcurrido tres de los cuatro años para los que fueron elegidos Alcaldes, Prefectos, Concejales y Juntas Parroquiales. Dos de estos tres años vivimos en pandemia, lo cual limitó severamente la capacidad de gestión de los gobiernos inferiores. Aun así, podemos y debemos evaluar la gestión realizada. La decisión que los pueblos adopten en las elecciones venideras, debería ser tomada con criterio, considerando las aspiraciones de los habitantes de cada jurisdicción y la capacidad de alcanzarlos por parte de los aspirantes. Un análisis del perfil deseable de los candidatos puede hacerse desde varios ángulos.
La primera condición que deben cumplir es HONESTIDAD, demostrada en su vida pública y privada. No cabe duda que los mayores perjuicios en la gestión pública se originan en los sobre precios, las adjudicaciones logradas por medio de coimas, la falta de cumplimiento de contratos, todo lo cual se estima que encarece la obra pública por encima del treinta por ciento.
La segunda condición deseable es LIDERAZGO para lograr el apoyo de los ciudadanos en dirección a lograr los grandes objetivos colectivos y saber conducir el esfuerzo grupal de los servidores bajo su mando en la dirección correcta. Si bien no se requiere saber de todas las actividades que desarrolla la Institución, es clave contar con personas capaces de dirigir las diversas áreas y escuchar sus criterios técnicos.
La tercera condición puede ser ESCUCHAR a sus mandantes. Es penoso observar el fenómeno que ocurre con la gran mayoría de elegidos, que adquieren un sordera incurable tan pronto acceden al poder, con oídos solamente para el círculo íntimo de usufructuarios del poder, quienes pululan al amparo de su líder, cumpliendo fielmente el papel de adulones para mantenerlo aislado del mundo real.
Complementariamente, es deseable que la autoridad sea capaz de TOMAR DECISIONES y EJECUTAR de forma ágil los planes de trabajo elaborados en base a las prioridades de la población, y no guiados por los intereses políticos individuales.
Una quinta condición es la capacidad de TRABAJAR EN EQUIPO, considerando que esos gobiernos tienen tres funciones: ejecutiva, legislativa y participación ciudadana, que deben ser complementarias. Es lamentable que apenas funciona la primera, siendo limitada la función legislativa e inexistente la última.
Con estos ingredientes, es momento de empezar a buscar ciudadanos que cumplan con este perfil, como primer acercamiento. Muchos de los eternos candidatos no cumplen este perfil, por lo que deberían ser descartados. Los partidos y movimientos políticos son responsables de presentar los candidatos y debemos demandar lo hagan con responsabilidad, absteniéndose de proponer candidatos “chimbadores” que solamente estarían haciéndole el juego a otros, mediante la dispersión del voto, lo cual resta legitimidad a los elegidos, al alcanzar bajos niveles de votación.
Sería deseable que se haga una selección previa, con medición real de intención de voto, para determinar las reales posibilidades de alcanzar una votación razonable por parte de los precandidatos, con el afán de limitar los candidatos. Todos deberían dar una demostración de amor a su provincia o cantón, dejando la banalidad de lado y retirándose de no tener opciones reales de triunfo. La ausencia de segunda vuelta en las elecciones seccionales y el método de asignación de escaños, es una trampa a la voluntad soberana.
¡BUSCAMOS BUENOS CANDIDATOS! (O)