Cuando el español Bartolomé Ruiz, primer europeo que divisó las costas de Ecuador, procedió en 1526 a desembarcar en Esmeraldas, se constituyó en el punto de partida para que hoy más que nunca los ecuatorianos afirmemos “el que no tiene de Inga tiene de Mandinga”, en virtud de que los procesos de mestizaje han determinado que seamos un pueblo multiétnico y pluricultural.
La diversidad humana del Ecuador se refleja en la cantidad de palabras con las que identificamos a nuestros coterráneos. Curiosamente, muchas de ellas en la cotidianidad son utilizadas despectivamente; muy pocas veces se las utiliza para mostrar los aspectos positivos que reafirmen nuestra diversidad. Un breve análisis de cada una de ellas, nos debería llevar a meditar para ubicarlas en el ámbito de nuestras querencias, antes que en el mundo de nuestros extravíos de identidad.
Por años, el significado peyorativo ha marcado una curiosa forma de autodegradación, y para ello el lenguaje utilizado es diverso: cholo, longo, indio, runa, natural, chulla, chagra, mono, montubio, serrano, paisano han sido palabras hirientes, que sirven solas o acompañadas de algún adjetivo calificativo para expresar nuestro desprecio por aquellos que consideramos inferiores. El combate a esta visión negativa de nuestra diversidad étnica y regional surge a través de los valores del arte poético y musical de nuestra Patria; es así como se han metido en nuestro corazón canciones integradoras del multicolor paisaje humano de nuestro querido Ecuador. Para los cholos, canciones rocoleras como aquella que dice ‘Cholo soy y no me compadezcas’ y ‘El cholero’ tratan de mostrarnos una faceta distinta. Nuestros artistas son los que mejor han interpretado los ámbitos positivos de cada una de estas palabras, es así que, creo que todos los (as) ecuatorianos (as) en algún momento hemos tarareado el pasacalle ‘Chola cuencana, mi chola’.
La canción, patrimonio no solo de los imbabureños, es el mejor ejemplo para hacernos sentir orgullosos de la belleza de nuestras longas, y les cantamos “por todas partes voy con mi longa, reina y señora de esta región” (Guerrero, 2015); otras canciones muy populares como el sanjuanito: “a mi linda longa, dueña de mi amor” (Proaño), nos lleva a suplicar “linda longa, ven junto a mí, quiero sentir tu pecho latir”.
Qué decir de los cantares de diciembre en la capital ecuatoriana, cuando por todos lados escuchamos el pasacalle ‘El chulla quiteño’, ese personaje de leyenda que sin plata pero con buen verbo encanta y enamora a las chullitas capitalinas.
La Grupa en su bambuco ponky “como mueve las caderas esa negra esmeraldeña”, resalta la gran habilidad para el baile de nuestro pueblo afro ecuatoriano. El pasillo “negra linda, negra mala”, es una imploración del amor a una negra hermosa. “Esta cumbia chonera yo la quiero bailar, con mi negra sabrosa yo la quiero gozar” (Luzuriaga) es otra muestra del sinfín de canciones para negras y negros del Ecuador. Para terminar esta reivindicación de la negritud, la fiesta folclórica mayor de Latacunga hace que los más encumbrados personajes consideren como máximo honor convertirse por un año en “Mama Negra”.
“Los arados, los sembríos, las cosechas y su amor dan al indio en este mundo la alegría en su dolor” (Inti- Illimani), letra de la bella canción “Lamento del indio”, que junto a otras composiciones redimen a nuestros pueblos ancestrales. El fox incaico “La bocina” es un himno a las soledades andinas “Porque para el indio, basta su bocina que toca en su tumba al morir el sol” (Inga Vélez). En Latacunga, en los últimos quince años con la elección popular del primer indígena que ocupó el cargo de Prefecto Provincial no faltó la picaresca, pero a su vez analítica frase “no es lo mismo decir el indio del prefecto que el prefecto indio”.
La palabra quichua “runa”, que traducida al español significa hombre, es la que más distorsión ha tenido, llegando incluso a ser parte de la identidad del perro callejero y sin raza; el sanjuanito “Runa shungo” o para quien no entienda su significado “Corazón de hombre” tiene la fuerza telúrica para mostrar la fortaleza y ternura de los hombres andinos. Machachi es considerada “La capital del chagra ecuatoriano” y una hermosa fiesta le rinde homenaje, en toda la serranía se multiplican los paseos del chagra y cada día con más fuerza suena el capishca “La vuelta del chagra, porque chagra soy señores y de los buenos”.
Pese a la dura discriminación al montubio, es el sector poblacional de la ruralidad costeña que con gran fuerza reivindica el orgullo de sus raíces; y es en sus fiestas en las que pone de manifiesto aquello; revitalizando en su identidad valores de: sinceridad, humor, picardía sana, habilidad en el rodeo, infinita creatividad para los amorfinos, belleza en las mujeres. “Alma montubia” es la canción de mayor difusión, y dice: “soy el montubio de la loma / que baja en busca de un querer / y si es bonita la paloma / como hombre la voy a querer” (Garay). Entre costeños y andinos, históricamente nos hemos espetado cuan hiriente dardo el mote de “monos rangalidos” para los primeros y el de “serrano pata rajada” para los segundos; sin embargo, podemos afirmar que este signo de regionalismo separatista, poco a poco va quedando en el pasado y hoy son muchos los hogares que combinan los mejores valores de dos formas de ser distintas y probablemente complementarias.
Es así que la “Sultana de los Andes”, la bella ciudad de Riobamba, en la canción popular de mayor identificación, el pasacalle “Riobambeñita”; dice: “mujer preciosa / bella riobambeña / linda serrana / eres dulce y buena / tu alma es fuente / de blancas virtudes / y tu mirada / fue fuente de ternura /cuando estas triste / tus ojos reflejan / toda la nostalgia / del paisaje andino / y cuando ríes / hay en tu mirada / toda la alegría / de la primavera” (Fierro). En el caso de monos y monas, muchos ritmos bailables recogen la gracia, alegría y sensualidad de nuestros coterráneos de tierras calientes.
Los (as) zambos (as) llevan la mezcla de sangre de mestizo (a) y negra (o), a este grupo minoritario ecuatoriano se lo ubica más en la zona andina, y en el ámbito musical las canciones que los identifica son una combinación de la tristeza andina con la alegría afro, es por eso que junto a ritmos bailables las letras imploran amor, así: “Me he de ir zambita / llorando por ti / pensando en tus ojos / que me hacen llorar”
(voces y cuerdas de Cutervo).
El mulato y la mulata en la costa serían el símil del zambo y zamba de la serranía, y son los movidos ritmos que motivan al baile los que cantan así: “Oye mulata sandunguera / hay sí, si… mi mulata / con su meneo me levanta / hay sí, si… mi mulata / con ese suin / me arrebata / ella no es trigueña / ella no es morena / rubia no es, ni es blanca / tremenda mulata / deliciosamente tiene / lo que me hace falta / hay sí, si… mi mulata” (Negron).
Para finalizar, en el marco de nuestras querencias y extravíos, está también nuestra identidad ecuatoriana; la misma que cuando se fundó la República, al ser bautizada de Ecuador, por tratar de contentar a todos nos dejó sin piso histórico el nombre. Y es por eso, que poco a poco, en las dos últimas décadas hemos ido creando conciencia de nuestra nacionalidad, gracias a algunos éxitos deportivos a nivel internacional y a nuestra añoranza eterna de la tierra que nos vio nacer y que el mundo moderno con tanta movilidad nos lleva a que casi todos nos convirtamos en migrantes; es entonces cuando surge nuestro nacionalismo y cantamos a todo pulmón las mejores canciones de “MI LINDO ECUADOR”.(O)