Inició un nuevo ciclo calendario, en una nueva década. Sentimos la necesidad de retomar fuerzas, analizar de dónde venimos, hacia dónde vamos, qué podemos mejorar, qué debemos mantener. La intención es, ciertamente, de cambio para mejorar en todos los aspectos de nuestras vidas. Sin embargo, esas buenas intenciones quedan muchas veces como tales, por nuestra falta de decisión para cambiar. Así puede pasar un año más, y otro más, lo cual se convierte en un círculo vicioso, si no encontramos la manera de romperlo.
Este pensamiento llevado a nivel de país, nos hace reflexionar que, de la misma manera, si no somos capaces de cambiar, si seguimos haciendo lo mismo, los resultados serán iguales a los que hemos logrado. Si no estamos conformes con los resultados del manejo del país, en cualquier campo, debemos buscar CAMBIOS para lograr lo que anhelamos. Lamentablemente, este año se inicia cargado de energía política, debido a la cercanía de las elecciones presidenciales. Eso garantiza la visión individualista de los actores políticos, precautelando sus intereses, en busca del favor popular en las urnas.
Los sectores reales de la economía necesitan decisiones firmes para resolver los problemas, que se agravan con el paso del tiempo. Usualmente, las medidas necesarias son impopulares, por ende no tienen apoyo de los llamados a decidir, ni del pueblo, que prefiere seguir recibiendo las dádivas, antes que enfrentar la realidad. Podemos advertir serios problemas en seguridad social, sistema de salud, educación, seguridad. Las obligaciones del Estado exceden en mucho su real capacidad de atenderlas. Mientras que se despilfarran y se saquean recursos, sin que exista beneficio alguno para los ecuatorianos.
Ofrecer las dádivas que dan votitos, es un simple ejercicio de demagogia. Más, una vez adquiridos los Derechos, estos se vuelven irrenunciables, aunque no existan los ingresos para financiarlos. De esos Derechos está llena la Constitución. Será imposible que se los revea ni revoque. Por lo cual, estamos condenados a enfrentar graves problemas ante las demandas de su cumplimiento. La demagogia recurrente en las decisiones de los asuntos estratégicos del Estado, por décadas, ha generado una situación insostenible, que nadie quiere aceptar y peor resolver.
Siendo la esperanza lo último que se pierde, no podemos dejar de soñar en que podemos analizar las realidades que aquejan nuestra vida diaria y esbozar soluciones, que siempre tomarán un buen tiempo en ser realizadas. Es necesario que la ciudadanía haga conciencia sobre estos temas tan importantes, que esperan solución desde hace muchos años. Los recursos estatales están mal dirigidos. Hemos financiado obras faraónicas, con sobreprecios, que no funcionan adecuadamente y en muchos casos no deben ser necesariamente realizadas por el sector público. Hablamos de carreteras, refinerías, plantas de gas, puertos marítimos, aerolíneas, obras de infraestructura, reservorios, plantas hidroeléctricas, campos petroleros, y muchas más.
Para que estos cambios puedan ocurrir, la ciudadanía debe empoderarse de su papel PROTAGÓNICO en la toma de decisiones, demandando cuentas claras de los gobernantes, con propuestas técnicas debidamente sustentadas, alejadas de la manipulación política. Los problemas reales demandan soluciones reales. Nada logramos evadiendo el problema y derivando la solución a discursos politizados que solo posponen la solución, mientras los problemas se agravan.
Podríamos inaugurar conversatorios ciudadanos con las autoridades responsables, para analizar “uno a uno” los problemas que debemos conocer en profundidad. No cabe duda que, siendo informados adecuadamente, seremos capaces de identificar las mejores alternativas y así dar el respaldo político que necesitan las autoridades para ejecutar las soluciones, sin temor a represalias manipuladas por los candidatos a salvadores de la Patria. Podemos empezar a nivel provincial con temas locales, que son muchos.
¡ROMPAMOS EL CÍRCULO! (O)