Zabbaleen es una pequeña ciudad de Egipto,  donde por más de 50 años se depositan todos los desechos de El Cairo. Lo impresionante es que un gran porcentaje de la economía de este lugar gira en torno a la basura; familias enteras por varias generaciones se han dedicado a la recolección, clasificación y limpieza de plásticos, alimentos, papel y hasta artículos perdidos; cada tonelada genera un promedio de 12 puestos de trabajo.  En esta ciudad no existen autoridades, policías o militares; los mismos habitantes se han organizado para solucionar de forma pacífica sus conflictos independientemente de si son cristianos  o musulmanes.

Al ser la basura el eje de desarrollo de la ciudad; ésta ha sido asignada a las distintas familias de manera sectorizada, mientras a su alrededor se pueden apreciar las viviendas, carnicerías, cafeterías y demás negocios. En esta comunidad sus habitantes difícilmente adquieren artículos nuevos, es así que incluso los juguetes para los niños, maquillaje, artículos para el hogar y ropa son comprados en un mercado de productos provenientes de la basura. El botadero es parte de la vida de Zabbaleen, tanto así que en su única escuela la materia prioritaria es el reciclaje por encima de las otras asignaturas. Muchos de los niños están predestinados a trabajar con basura y al igual que sus padres están expuestos a enfermedades y riesgos por el resto de su vida.

Se dice que la basura puede ser el tesoro de otros, Zabbaleen es un ejemplo extremo donde se evidencia que el reciclaje puede representar ingresos económicos, aunque todavía existen deficiencias en temas de salud, educación y seguridad de sus pobladores. Volviendo a Latinoamérica, por generaciones nos hemos acostumbrado a consumir desmesuradamente y generar cualquier cantidad de desechos. El ahorro y la optimización de recursos lo asociamos a las épocas de crisis, sin pensar que estamos en el deber de aportar para el cuidado del medio ambiente; es así que son pocos los hogares e instituciones que fomentan el reciclaje y  el ahorro en el consumo de agua y energía eléctrica. Hoy, con la pandemia ha sido todavía más evidente y alarmante el consumo de envases desechables y bolsas plásticas, que tienen un periodo de utilidad equivalente a minutos y hasta segundos para así arrojarlos en la basura.

 Sin el afán de caer en el drama y en los presagios del desastre, si continuamos con esta actitud quemeimportista poco a poco nos asemejaremos a Zabbaleen. Tenemos que comprender que los botaderos tienen límites y tarde o temprano pagaremos las consecuencias, es extremamente necesario tomar acciones concretas. Optemos por utilizar fundas de tela, y desistamos de recibir hasta las más pequeñas pastillas en fundas plásticas. Guardemos las pilas y dispongamos de ellas en los sitios autorizados de recolección; reutilicemos el papel y optemos por reciclar latas, cartón y botellas de vidrio. Tomemos acciones como parte de una filosofía de vida; solo de esta manera evitaremos convertirnos en una ciudad de basureros.(O)