Estamos viviendo una época que nunca imaginamos, en la cual ir a clases se convierte en algunos casos un dilema en las familias por el temor al contagio del COVID 19 , ahora más con la variante delta y el dengue en la costa del Ecuador.

Es un tema importante porque si bien es cierto existe el riesgo de que los niños y jóvenes se contagien asistiendo a sus clases presenciales, hay la otra parte que es el tema psicológico en el que los muchachos deben enfrentar el mundo con la  pandemia, y salir del encierro que ha sido tormentoso para la mayoría de ellos.

Existen muchos niños que no saben exactamente que es este nuevo virus,  otros que sí entienden del tema, pero en los dos casos hay  el temor de salir y luego contagiar a sus padres, abuelos o las personas que los cuidan.

En las escuelas empezarán por enseñar  todas las medidas de bioseguridad necesarias,  y estarán atentos al apoyo psicológico si lo necesitan.

Los padres son los que tienen en sus manos el poder de decidir si asisten presencialmente o no. En todo caso está demostrado que el asistir en forma presencial  ayuda a que los chicos  puedan aprender de mejor manera, y que las habilidades sociales no se pierden.  Es importante que cada familia tenga su propio criterio.

No podemos dejar de rescatar que la forma presencial implica también un riesgo para los maestros y todo el personal administrativo.

En mi opinión debemos aprender a vivir en esta nueva realidad  y enfrentarla con valentía porque no sabemos cuánto tiempo durará.