Por: Juan P. Sansur

El jueves 30 de septiembre de este año partió mi pequinés Dakota, acongojado,  afligido y con dolor me he quedado, estas mascotas yo les denomino ángeles con patas, son pequeños rayos de luz atrapados en la Tierra por un corto tiempo para iluminar nuestra vida; no es ser ofensivo, pero lo que siento yo y muchos más es que los perritos -en muchas instancias- son mejores que los seres humanos; no mienten , no engañan, son más leales, más nobles, más fieles, no roban, son sinceros, generosos y dan todo incondicionalmente.

Mi perrita me acompañó durante 11 años consecutivos, durmió conmigo, comió del mismo plato, dicen que los perritos se parecen a sus dueños y es verdad hasta en los gustos, sus ladridos fueron melodía para mi alma, ellos vienen a este mundo para que nosotros podamos entender, aprender y comprender muchas cosas, sobre todo la paciencia, los principios y los valores de los perritos son intrínsecos. Una parte de mí se fue, al parecer  uno no se imagina la vida sin ellos y creemos que son eternos y que nunca nos van a faltar, en sus primeros años me acompañó de manera más intensa a ciertas giras comerciales para vender mis productos en algunas jurisdicciones del Ecuador; me consuela saber que tengo tres pequineses que provienen de su vientre, los cuales me acompañan.

Como una de las anécdotas debo contar que en una ocasión se comió gran parte del hornado que yo compré un día domingo y corrió despavorida la traviesa, pensando que eso iba a tener un efecto, pero mi Dakota se equivocó; cómo puede ser posible que exista la crueldad humana en cuanto al hecho de que hay personas que maltratan a los perritos, cuando son seres inocentes, los cuales no tienen y carecen de maldad, ellos dan bondad, son diáfanos, transparentes y desprendidos. Debo recordar también ciertos episodios tristes que tuve con mi Dakotita, en dos ocasiones se me perdió, pero tuve la fortuna y la suerte de que me la devolvieran gracias a la generosidad de personas que tuvieron la sensibilidad en su momento de hacerlo; muchos no tienen cariño hacia los perritos e incluso miserablemente no les dan de comer, esos casos se dan, aunque no es algo generalizado, pero es la cruda realidad.

A esto debemos sumar los casos de perritos envenenados, en el Ecuador el maltrato animal está considerado como delito de acción privada, tanto es así que los maltratadores de los animales recibirán fuertes sanciones como privación de la libertad hasta tres años de cárcel, este hecho significa un gran paso para asegurar el bienestar animal y aplicar una sanción más fuerte a quienes maltraten a la fauna urbana. Me ofende mucho cuando de manera despectiva se utiliza como insulto y le dicen al ser humano ‘perro tal o cual’; ojalá en este mundo no hubiera perros abandonados, para ello es importante implementar políticas estatales de albergues, el vacío que deja cuando un perrito se va es inconmensurable, los perros no deben venir a este mundo para sufrir, sino para jugar y alegrarnos, sacan lo mejor de nosotros.

Debo manifestar por otra parte que sí he conocido la miseria humana, en este trayecto y en esta instancia de dolor he conocido que como hay buenos médicos veterinarios, hay otros que son mercachifles en los cuales solamente afloran sentimientos de lucro, mas no de humanidad, solamente ven parámetros de cómo beneficiarse y aprovecharse de la circunstancia, ya que abusan de la desesperación de verle a uno como se consume al ver el dolor que irradia nuestra mascota; vivimos en un mundo donde en una multiplicidad de ocasiones lo que más prima es lo material sobre lo sentimental, donde los valores han sido remplazados por cochinos, protervos y perniciosos intereses, cuando varias veces cuenta más lo que tienes que lo que eres. Hemos escuchado lo siguiente: “dime cuánto tienes y te diré quién eres”; desgraciadamente esto es una realidad insoslayable que se da en un mundo cruel y despiadado donde los seres humanos (no todos) se han vuelto insensibles y no valoramos lo más sencillo de la vida, que realmente es lo más importante y preponderante; los perritos dan catedra de vida, lo que uno experimenta con ellos se impregna y está arraigado en nuestros corazones, como es el caso de mi Dakotita, a la cual extraño profundamente; no me acostumbro a su ausencia, ni me acostumbraré, lo cierto es que tendré que tolerar su ausencia, mas no acostumbrarme; muchos me dicen que debo dejarla ir en paz, pero en verdad cómo duele cuando se van.