¿Qué significa y qué importancia tiene este término que se ha puesto de moda? Se relaciona con la calidad y precio que ofrece Ecuador en sus bienes y servicios. El factor más relevante es nuestra moneda, el dólar norteamericano, que nos impide manipular la tasa de cambio, es decir devaluar,  como lo hacen otros países para corregir distorsiones locales y compensar la elevación de costos. No tenemos manera de esconder el efecto de sobrecostos de ninguna naturaleza, y perdemos competitividad. No podemos esconder los errores bajo la alfombra cambiaría.

La mayor parte de la oferta de bienes que ofrece nuestro país se relaciona a la producción agroindustrial, considerando las fortalezas ancestrales del país en el sector agrícola. En cuanto a la tecnología, es evidente que hemos caminado a paso lento, aferrados a usanzas tradicionales de labranza de la tierra, mientras que los países más desarrollados han logrado enormes avances para incorporar tecnología, que les ha hecho más eficientes y pueden ofrecer productos de calidad a más bajos precios, es decir son más competitivos. Paralelamente, se han desarrollado nuevas variedades y se han realizado cambios genéticos para adecuar el producto a las necesidades del mercado, que son muy dinámicas. 

Otro factor clave en la producción es la mano de obra, cuyo impacto es variable según el grado de incorporación que este componente tiene en cada sector. No se trata únicamente del costo neto por hora de trabajo, sino del costo relativo analizando el nivel de productividad que dicha mano de obra tiene. Esto depende de factores culturales, que en el sector agrícola son adecuados por la vocación de sus actores, y con el grado de capacitación, tecnificación, mecanización y el uso de prácticas  eficientes para alcanzar los objetivos con menor costo y ganar competitividad.

Por otro lado, el sector público tiene a su cargo lo más importante, pues tiene a cargo el ENTORNO en que se desenvuelve la actividad privada. Desde la legislación que establece las reglas del juego, la confianza en que se respeten dichas normas, pasando por la estimulación de sectores geográficos, productos o bienes específicos, hasta las limitaciones que por razones estratégicas, políticas, ambientales o sociales pueda considerar necesarias. Todo eso determina los sectores que recibirán apoyo y se traducirá en mayor competitividad, comparándolos con otros países.

Otra manera de incidir en los costos de bienes y servicios es con la gestión tributaria, que directa e indirectamente grava los bienes y servicios intermedios y terminados. Los países más competitivos no gravan los productos de exportación y devuelven lo cobrado a los componentes locales. Otros costos estratégicos incluyen la energía, los combustibles, las tasas por servicios públicos, los trámites de importación y exportación, el acceso a tecnología, el costo del dinero, las trabas burocráticas para gestionar la producción. En Ecuador, el Estado maneja varios de estos sectores, como la generación de energía eléctrica, que redunda en un servicio de baja calidad y precio alto, restando competitividad.

La sumatoria de todos estos elementos, arroja los costos en base a los que se determinan los precios de venta, que comparados con lo ofrecido por otros países, deberían serán mejores y nos permitirían ganar terreno en el corto, mediano y largo plazo. De lo contrario, perderemos mercado ante competidores. Lamentablemente, la falta de decisión para abordar este aspecto crítico, ha causado un retraso que debemos resolver. Los productores necesitan que se recuperen los niveles de competitividad para enfrentar la feroz competencia en territorio ecuatoriano y fuera de él. Caso contrario, sucumbirán económicamente en su intento y deberán buscar otras alternativas de desarrollo.

¡ACTUEMOS AHORA! (O)