Tras el festejo y evidente tranquilidad de la gente, luego de conocer el resultado de la segunda vuelta electoral, que dio el triunfo al señor Guillermo Lasso Mendoza, la preocupación aparecía y el desencanto afloraba. Y no era para menos: enterarse de la existencia de un curioso acuerdo para algunos, impresentable para otros, orientado a controlar la Asamblea Nacional y elegir sus autoridades.

Este bloque legislativo se componía por asambleístas de Unión por la Esperanza (UNES), Partido Social Cristiano (PSC) y Creando Oportunidades (CREO). Tengo para mí, que se trataba de un peligroso globo de ensayo lanzado -a manera de exploración- a fin de medir el movedizo ambiente político; y, al mismo tiempo, conocer la reacción de otras fuerzas representadas. Y si pasa, pasa. Tenían como candidato a la presidencia al señor Henry Kronfle, de las filas del PSC.

Días anteriores al proceso de elecciones, por distintos medios de comunicación, redes sociales y opiniones -amplificadas e intensas-, se empezaba a cuestionar este posible pacto que significaba echar por la borda las promesas de cambio, defensa del estado de derecho, respeto a la justicia, no a la impunidad, y todos los ofrecimientos de no transigir con el titular del anterior gobierno, que había dejado una estela de corrupción, despilfarro y obras faraónicas, solo inauguradas con primeras piedras.

Llegó el día: el postulado por el PSC no alcanzó los 70 votos requeridos para ser elegido presidente. Estaban muy seguros de aquello y no prosperó. Para entonces, se habían producido deserciones, como la de César Rohon, por ejemplo, que adujo falta de coherencia del acuerdo alcanzado con UNES y falta de democracia interna, posición que le honra sobremanera.

Si hubiese pasado este pacto de agache, sin la oportuna rectificación, el presidente Lasso se hubiese convertido en rehén de esta mayoría; llegaba al 24 de mayo con su capital político menguado y sin capacidad real de maniobra en materia de gobernabilidad. Bien se ha dicho que gobernar es saber rectificar. Escuchar a la gente es de sabios, sopesar las ventajas y desventajas de una decisión es de líderes hábiles, y escoger la vía correcta, pensando en el futuro, es de estadistas.

En un comienzo se pensaba que al haber alcanzado UNES el 47% de la votación en la segunda vuelta, debía contarse con su bloque de 49 asambleístas para aprobar leyes y que facilite la necesaria gobernabilidad; mas, resultaba que este sector no era pues el más idóneo o recomendable para entrar en una alianza donde aparecieron pedidos que no se compadecen con los principios éticos que pregonó CREO y especialmente el presidente Lasso en la campaña. 

Por fortuna para los ecuatorianos, Pachakutik (PK) e Izquierda Democrática (ID), salieron de su posición antagónica simplista y ostracismo conocido, para posibilitar con CREO la mayoría en la Asamblea, que posibilite la elección de la señora Guadalupe Llori de PK, otrora perseguida por el gobierno de Correa. El mundo da vueltas, y en política, es una forma elegante de reivindicar a las personas que se atrevieron a ser contestatarias del poder de turno. En buen romance, Correa y Nebot se quedaron con lo churos hechos.

Ahora, el presidente Lasso puede llevar a cabo sus propuestas y así acercar posiciones de sus aliados en temas sensibles.

Lo curioso es que UNES y PSC insisten en la creación de una “comisión de la verdad” (¿?), que se encargaría de dar la vuelta a sentencias dictadas por casos de corrupción, entre otras picardías; esto es ilegal, impresentable, censurable y merece el rechazo de la ciudadanía, por estar en contravía -insisto-, con los postulados éticos del gobierno entrante, desoyendo además el apoyo recibido en la segunda vuelta.(O)