Se ha anunciado que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP), mediante acuerdo N° 063/2021, ha dispuesto a la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) la actualización del plan de incentivos para posibilitar la “recuperación de la conectividad aérea interna”. Esta iniciativa no es nueva: la administración anterior ya la estableció para alentar a las líneas aéreas a que utilicen los aeropuertos construidos sin los estudios que este tipo de infraestructura requiere.

Antes de que apareciera la pandemia, comentamos en este mismo espacio que los incentivos pasaban por establecer apropiadas y competitivas tasas y derechos de aterrizaje, protección al vuelo, de embarque, seguridad, precios accesibles de arriendo de oficinas y “counters”. Se sugirió también ofrecer más aeropuertos nacionales de acceso a nuestro mercado, en los acuerdos de transporte aéreo, bajo el esquema de “cielos abiertos”, para dinamizar el servicio de cabotaje.

También se destacó que los pasajeros -y en general los visitantes-, no van propiamente a conocer aeropuertos modernos y muy bien equipados: viajan por trabajo, negocios, turismo, a disfrutar de las ciudades y su entorno, conocer su folklore, gozar de su gastronomía. Si las ciudades donde se encuentran situados los aeropuertos no reúnen también estos atributos, simplemente las líneas aéreas no se interesan en operar. Hace falta más elementos complementarios para cerrar el círculo virtuoso del éxito.

De ahí que, por más incentivos que se les ofrezca a las líneas aéreas, por más sacrificios fiscales que haga el gobierno nacional, si las fuerzas vivas, autoridades municipales y provinciales, empresarios de las localidades, no ponen también de parte para generar un ambiente propicio para lograr el objetivo deseado, éste seguirá siendo esquivo con la consiguiente decepción de la ciudadanía.

Es evidente que la pandemia afectó dramáticamente la economía, el comercio y todas las actividades empresariales; hizo que se utilicen los medios tecnológicos para reuniones de empresarios, ejecutivos y profesionales en general. Al dejar de ser presenciales las juntas, se alejaron del avión para sus tradicionales traslados, afectando la rentabilidad de las aeronaves; y, consiguientemente, hoteles, restaurantes y otros atractivos turísticos, tuvieron una dramática caída en sus ingresos.

Como corolario a lo mencionado, sin perjuicio de los necesarios incentivos, la corresponsabilidad de las líneas aéreas, en beneficio del interés público, se manifiesta en su permanente afán por ajustar y sincerar sus costos operacionales, obviamente sin sacrificar los atinentes al mantenimiento de aeronaves, pues la seguridad de vuelo es la primera y principal atención de la industria del transporte aéreo, en guarda de los usuarios. Solo los costos de combustible y personal, suman alrededor del 50% del total de sus componentes.

Estas medidas permitirán, además, ofrecer a sus clientes mejores y atractivas tarifas, mismas que tendrán una considerable baja, en la medida que se estimule la demanda, fruto de los resultados de las medidas tomadas. Se vislumbra entonces que en la responsabilidad compartida – que se traduce en una especie de alianza público – privada-, puede estar la ansiada clave y la respuesta que se espera para conseguir el objetivo: recuperar la conectividad interna. (O)