Virgen del Santuario Mariano Diocesano, presente en la iglesia de El Salto (foto cortesía).

En la parroquia de El Salto, consideran que es necesario difundir la historia de la Virgen, para que la ciudadanía se vaya empoderando de la festividad. Uno de los retos es incrementar la fe a través de los niños, además, dar a conocer el “Santuario Mariano Diocesano”, que fue decretado por  Mons. José Mario Ruiz, obispo de Latacunga en aquel entonces.

Tras pasar las fiestas en honor a la Virgen de El Salto, una de las cosas que pudieron notar los excatequistas, es que este año fueron los priostes la gente que vive en este  sector, pero en general, la población  “no se siente partícipe ni identificada con su parroquia”, indica Pablo Poveda.

Señala que esto se debe a que la ciudadanía  no conoce la historia de la Virgen y eso ha hecho que haya estado “olvidada” y  “relegada” y al mismo tiempo, con la esperanza de ser visitada. Piensa que “hemos dejado de ser solidarios, la  gente que no tiene nada lo da todo y aquellos que tienen todo dan muy poco”, expresó.

Son alrededor de 30 años los que se hace las festividades en torno a María,  pero a decir de Poveda, han pasado muy desapercibidas, porque se las ha hecho de forma doméstica y está más representada por aquellos  que tienen arraigada su fe, sin embargo, este año se quiso dar otro giro, para que la población nacional y local conozca de esta tradición.

Uno de los retos que consideraron los organizadores, fue traerle al padre italiano Remo, quien cambió la historia de la parroquia. “Creo que se divide entre antes y un después de él” y además, cobró otro auge el templo “Santuario Mariano Diocesano”, que fue decretado el 21 de noviembre de 1988, como conclusión del Año Mariano por  Mons. José Mario Ruiz, obispo de Latacunga.

Según la información que se detalla al ingreso del templo, a inicios de 1600 un artista pintó sobre una piedra la imagen de la Virgen y sus devotos construyeron una pequeña capilla, a pocos metros del río Yanayacu, que en ese entonces señalaba el límite de la ciudad de Latacunga.  “Por eso se ve con esos rasgos mestizos tan propia de nosotros”, destacó Poveda.

El objetivo de este  latacungueño y de sus compañeros, es hacer que la historia sea conocida, para que la sociedad se comprometa y valore lo que tiene. “No se ama lo que no se conoce”, dice y añade que la primera acción que tienen en mente, es efectuar volantes con la imagen y al reverso que se cuenta la leyenda, para lo cual se contactarán con los historiadores del cantón para recopilar información, para que sea certera al momento de difundirla.

Según la historia, el 20 de junio de 1698, un terremoto destruyó la ciudad y también la piedra con la pintura de la Virgen desapareció, quedando en el río y sirviendo de punto de apoyo para las personas que querían pasar, las que debían dar un “salto”.

Considera Pablo Poveda, que la fe va disminuyendo y  se debe a la era de la tecnología y la falta de comunicación, que hace que se opte por otras cosas. El domingo 28, en el evento religioso no se pudo llenar la plaza, “estamos abiertos para otros actos culturales importantes, pero para la fe no tenemos tiempo”. Todo un año lleva preparar la fiesta y hoy los nuevos priostes son los catequistas de cuarto nivel, designados por él párroco Holguer Hidalgo. (I)

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