A pocos meses de terminar este periodo presidencial, el gobierno ha iniciado una carrera contra el tiempo; quiere dejar en orden el tema económico que tantos dolores de cabeza ha causado.

La aceptación de los acreedores para  reestructurar la deuda de los bonos soberanos, fue un espaldarazo para la política económica de esta administración, tan cuestionada por diferentes sectores a raíz del pago de servicios de deuda externa realizados en el mes de marzo, en medio de la peor crisis de salud por el corononavirus que en esos días asolaba a la ciudad de Guayaquil.

El diferimento en el pago de intereses permitirá al gobierno tener un respiro en el cumplimiento de sus obligaciones durante este año complejo desde todo punto de vista, por la caída del precio del crudo, la paralización del aparato productivo y una baja en la recaudación fiscal por la crisis sanitaria.

Si bien es cierto todo lo actuado se ve como positivo, ahora es cuando el Gobierno debe volver sus ojos casa a dentro y darse cuenta que gracias a la empresa privada, grande, mediana y pequeña, este país ha podido seguir caminando a pesar de la adversidad y en tal sentido debe buscar alternativas para incentivar al sector.  Poner sobre sus hombros más cargas podría poner en peligro el frágil equilibrio que ha logrado sostener hasta hoy el mercado laboral; no hay que olvidar que, hasta junio, 270 mil afiliados dejaron de aportar a la institución, un hecho alarmante y que exige medidas urgentes.(O)