Los Coronavirus (CoV) son una gran familia de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, tal es el caso del COVID-19, ahora conocido –por su vertiginosa expansión| -como simplemente coronavirus COVID-2019-. Al igual que con otras enfermedades respiratorias, la infección por COVID-19, puede causar síntomas leves, como secreción nasal, dolor de garganta, tos y fiebre. Puede ser más grave para algunas personas y puede provocar neumonía o dificultad respiratoria.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) en un informe cortado al 5 de marzo de 2020, señala que en la región de las Américas, se han notificado un total de 167 casos de COVID 19 provenientes de ocho países y tres territorios franceses de ultramar: Argentina (1), Brasil (3), Canadá (33), Chile (3), Ecuador (13), Guayana Francesa (5), México (5), República Dominicana (1), Estados Unidos de América (100), San Bartolomé (1), y San Martin (2). Adicionalmente, los Estados Unidos informó que 49 personas resultaron positivas para COVID-19 entre personas repatriadas de Whuhan, China (3) y el Crucero Diamond Princess (46). Hasta la fecha se han reportado 11 muertes por COVID-19 en los Estados Unidos de América, específicamente en los Estados de Washington (10) y California (1).
Sin embargo del crecimiento vertiginoso de la enfermedad, hay que reconocer que se trata de una nueva clase de virus de la familia de los coronavirus COVID-19, cuyo descubrimiento y la búsqueda de solución requiere de la voluntad de los Estados y sus autoridades y que la lucha para contrarrestar su expansión debe tener la urgente solidaridad entre primero, segundo y tercer mundo, -todos juntos- de acuerdo a sus posibilidades económicas, tecnológicas y humanas deben contribuir a la solución de esta situación, muchos son los países pobres que no están en capacidad ni económica, peor tecnológica y humana para detectar el virus y ejercer acciones para detenerlo, ese creo que es ya un gravísimo problema en la batalla contra el COVID-19, por ello nos hace presumir que en estos países pobres de tercer mundo no se haya detectado y alertado sobre la presencia del virus e igualmente que no dispongan de los dineros necesarios y oportunos para enfrentar esta pandemia. Entonces -en estos casos- juega papel fundamental la presencia de asesoría técnica Internacional de carácter mundial, continental y regional, como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la salud (OMS) (OPS), respectivamente, Organismos Internacionales de la Seguridad Social como la AISS, CISS, OISS, en fin todos aquellos organismos que dentro de la nueva concepción del Derecho Internacional Público son parte de su nuevo concepto, esto es que, rigen las relaciones entre los Estados y, entre estos, y las organizaciones Internacionales.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), creada en virtud del Tratado de Paz de Versalles en 1919, al mismo tiempo que la Sociedad de Naciones, de la que procede como órgano autónomo, encarna las aspiraciones nacidas de la Revolución Industrial y las conmociones sociales de la época de su fundación; ahora traducidas a la gran conmoción fruto de la vigencia de la revolución tecnológica de la robótica y cibernética. Superviniente de los embates de la segunda Guerra Mundial la OIT es la primera institución especializada en materia laboral asociada a las Naciones Unidas que ha logrado en este mundo industrializado con su presencia y constancia los objetivos fijados en su Carta de fundación imponiendo reformas que suprimieron las injusticias más flagrantes en el mundo de la relación laboral y la presencia del Estado. Que en los primeros años del tercer milenio, bajo el condicionamiento del Coronavirus y la crisis económica mundial, la Organización Internacional del Trabajo sea la entidad mundial vigilante para que no se produzcan atropellos a los derechos adquiridos y humanos de los trabajadores.
Ahora que a raíz de la presencia y propagación del Coronavirus –como una forma de prevención-, se está proponiendo la vigencia de nuevas formas de trabajo, la real presencia técnica y social dela OIT debe coincidir con sus principios de búsqueda de justicia social. La existencia de condiciones de trabajo que entrañan injusticia, miseria y privaciones para los seres humanos de países pobres-subdesarrollados o en vías de desarrollo, no deben complicarse más con formas de trabajo que aparezcan temporales y que adicionalmente vulneren condiciones actuales de relación laboral en correspondencia a la estabilidad, duración de la jornada de trabajo, contratación de mano de obra, lucha contra el desempleo, garantía de un salario vital adecuado y digno, protección al trabajador contra enfermedades sean o no profesionales, accidentes de trabajo, protección a la niñez, adolescencia, a las mujeres; que aquel principio de a igual trabajo igual remuneración sea real. Pensamos que se puede decir –Si-,a un horario flexible, al trabajo en domicilio o al teletrabajo, porque estimamos que son formas necesarias para no detener el crecimiento económico y social del Ecuador, siempre y cuando se respeten derechos mínimos logrados por los trabajadores en el tiempo. La OIT, debe jugar un papel preponderante en este objetivo, la paz universal y permanente que requiere el mundo solo se puede lograr con justicia social, luchemos por erradicar el Coronavirus, pero no aprovechemos las fatales circunstancias de la pandemia.(O)